jueves, 22 de noviembre de 2012

Acción de gracias

Hoy es el día de Acción de Gracias. Una tradición americana que sin embargo no ha cruzado el charco como otras al estilo Halloween. Y la verdad es que es una fiesta bonita. Un día dedicado a algo más que a comer pavo y puré de manzana. Es un día que se dedica a recordar motivos por los que dar gracias. Y todos tenemos motivos para hacerlo. Desde el hecho de estar vivos, algo que no depende de nosotros, es bueno dar gracias. No como una cantinela más al estilo el gracias que se dice entre dientes cuando te sirven en un restaurante; sino ser conscientes de lo que estás diciendo. Dar gracias es reconocer que no podemos hacerlo todo solos y que, además, contamos con personas que están a nuestro lado, ayudándonos. Que se preocupan por nosotros y que nos aceptan seamos como seamos.

Es un día familiar, donde se olvidan rencillas. Sí, eso es complicado. Porque, y creo que hay más de un estudio sobre ello, los problemas que suele tener una familia afloran en momentos de descanso: vacaciones, reuniones familiares, fiestas, comidas ... es decir compartiendo tiempo, aunque sea alrededor de una mesa. Por ello, es curioso que se celebre Acción de Gracias con una reunión familiar. ¿Será acaso para recordar primero que hay que dar las gracias por aquello que damos por supuesto, por lo que tenemos habitualmente? Porque dar gracias por algo especial es sencillo, estamos educados para ello, cuando celebramos nuestro cumpleaños o hemos recibido un regalo. Pero, dar gracias por lo que se nos entrega gratuitamente... eso nos cuesta mas. Algo como dar gracias, pedir las cosas por favor, pedir perdón cuando nos hemos equivocado. Esas cosas se dan tan por supuestas, que se han perdido en el olvido de la sociedad donde todos nos creemos con derecho a todo pero con pocas obligaciones y donde nuestras acciones pierden la responsabilidad, las consecuencias evidentes. A veces más que pedir, exigimos y ahí comienzan los problemas. Dejamos de ser un poco personas para convertirnos en tiranos que hacen cualquier cosa por sus caprichos o por sus antojos. Y eso, no está bien.

Es bueno dar gracias por las cosas pequeñas, porque lo importante de la vida no lo conseguimos por nosotros mismos sino que se nos da. No somos tan estupendos... ni tan diablos. Las personas tenemos cosas buenas y cosas malas. No pasa nada. Es la pura realidad. Caminamos un trecho juntos; pero cada uno a su paso y con sus circunstancias. ¿Qué es mejor, echar en cara cuando no estás o dar las gracias por una presencia? Porque es algo que nos ocurre a menudo. Reprochamos que alguien se olvide de una llamada, de una fecha y sin embargo, no valoramos cuando se hace. Vemos una ausencia; pero no disfrutamos de una presencia. Lo queremos todo para ayer, o cuando decidimos... y no es así, los demás no están a nuestra disposición, sino que se van cruzando caminos. Las prioridades cambian y debe respetarse una decisión de otro aunque vayan en contra de nuestros planes. Desde amistades a familia, parece que siempre tenemos que responder a los planes de otros y no siempre van acordes con nuestra forma de vivir o de pensar. Podemos, dejarnos llevar y vivir como quieren otros, o tomar las riendas y decidir por uno mismo aunque nos llamen antisociales o poco sociables. Tengamos claro que los que deciden quienes juegan en nuestro equipo, somos nosotros mismos y eso no es ser egoista, sino decidir vivir de verdad siendo nosotros. Es complicado llegar al equilibrio, pero merece la pena porque se disfruta mucho más.
Demos gracias, por lo que creemos que debemos hacerlo y por lo que a veces no valoramos, por ese pequeño gesto que hacemos sin importancia. Si hay algo de lo que podemos aprender de otros países ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué encerrarnos en nuestras fronteras si hay tradiciones que merecen la pena tomar en cuenta?

lunes, 30 de julio de 2012

Depende de tí

Si hay algo que me sorprende son las montañas. No soy una escaladora; pero son un ejemplo perfecto para tomarse la vida de otra forma. Nos creemos grandes personas, capaces de todo y sin embargo, cuando nos posicionamos ante una montaña, vemos lo poco que podemos hacer. Si intentamos escalar, nos cansaremos, nos dolerá todo y si es de mucha altura, o tenemos ayuda o no lo conseguiremos. Por mucho que planifiquemos o que entrenemos, hay una parte de todo plan que es una incógnita. Y resulta que esa parte es la que determina realmente si conseguiremos nuestro objetivo o no. El ser humano, con todo lo poderoso que se cree, no depende de sí mismo para conseguir sus objetivos. Porque, por mucho que nos creamos importantes, hay muchas cosas en la vida que se nos escapan. Desde la propia vida. No elegimos cómo ni cuando nacemos. Nos viene dado.


¿Qué tiene que ver la vida con las montañas? Mucho. Mirar una cordillera, una sucesión de retos, de ascensiones y descensos. ¿No es como nuestro camino? Por a veces, miramos lo que nos queda por delante en la vida y... te dan ganas de quedarte quieto.  Es tanto el trecho que nos falta que da mas miedo que la prima del tal Riesgo. Y, sin embargo, cuando miramos atrás lo hacemos mal. ¿Por qué? Porque no vemos todo lo que hemos pasado para llegar hasta allí. Llegar al campamento base ya supone un trabajo. En la vida por ejemplo, miramos la meta y creemos que con llegar y mantenerse, basta. Pero no, hay que ser consciente de todo lo que hemos conseguido en ese camino. Estás en medio del Himalaya, queda mucho por ascender, cierto, pero mira también todo lo que has ascendido ya. El pasado es una sucesión de fallos, no es para cargarlo, sino para aprender y ver que ya has subido, que ya llevas un trecho, que ya has superado otros momentos difíciles. No es un enemigo, o algo que ocultar, sino que es una mochila con experiencia. A veces la llenamos tanto que cuesta llevarla. Si nuestra memoria falla, o es selectiva para lo malo, usemos recordatorios favorables. ¿Por qué? Porque cuando nos encontremos en dificultades, esos recordatorios nos harán ver que ya vivimos algo parecido y conseguimos avanzar.

La vida no es una teoría, una estrategia, sino una experiencia diaria. Quizá por eso va por etapas, porque si nos la dieran de golpe, no habría nadie que lo aguantara. Cada día es algo nuevo que comienza, que tiene sus momentos intensos de trabajo o de vacaciones, de obligaciones por cumplir, de mínimos a realizar. Porque todos los días tenemos que comer, estemos con nuestras labores cotidianas o de vacaciones, o en historias puntuales. Hay una serie de mínimos que cumplimos cada día y que son logros a tener en cuenta. Por muy mal que esté la situación, el ser humano necesita respirar, que el corazón bombee sangre. Como ocurre cada día, parece que no lo valoramos. Pero es importante. Es una lección más de nuestra existencia. Cada día, un poco. Y tendremos una vida de muchos. Estamos mejor pertrechados que los caballeros medievales con sus armaduras. Queda mucho por hacer; pero también hemos avanzado mucho. Cada uno desde su situación. Nada de compararse con otros, porque las metas y las armas para conseguirlas son diferentes. Miremos nuestro ombligo, para bien. Veamos lo que podemos hacer, no lo que los otros pueden conseguir, sino lo que podemos hacer nosotros. La competición es con nosotros, no con los demás. Porque la vida nos toca a nosotros, los demás tienen la suya.

Si has subido hasta el campamento base, puedes quedarte a mirar el paisaje, puedes subir un poco más o puedes bajar. Depende de la meta que te hayas marcado. Depende de tí. los demás ayudarán, aconsejarán o te pondrán trabas. Es secundario. Vivir lo que te toca depende de tí. Las circunstancias, sean favorables o negativas no pueden imponer cómo quieres vivir. Como no se pueden controlar; el posicionamiento ante la realidad no puede depender de ellas. Puedes estar preparado para lo peor; pero también con la flexibilidad para cambiar y para mirar con lealtad lo que ocurre. ¿Ésto me ayuda para vivir? ¿Puede mi estado de ánimo condicionar mi dia?¿Puedo rebelarme ante la realidad? Dejemos atrás la tentación de querer controlarlo todo y enfrentémonos a cada paso con las ganas de aprovecharlo, independientemente de cómo lo andemos. En nuestra vida, habrá momentos difíciles; pero de todo se puede aprender. Depende de tí.

jueves, 21 de junio de 2012

Sacad las banderas

En la película de Piratas del Caribe (Parte III) hay un momento en que los piratas van a entrar en guerra y para motivarse unos a otros izan las banderas, cada barco la suya, diferentes pero con un objetivo común, como muestra de unidad. Me pregunto si algo parecido es lo que está pasando con la Eurocopa. Me gusta pasear por el lugar donde vivo y ver cada vez más banderas en los balcones, en las ventanas, en los coches. Sí, estamos sumidos en una crisis, económica y de valores. Parece que cada uno sólo mira por lo suyo, arrimando el ascua a su sardina, y el hecho que, aunque sea por fútbol, las personas estén olvidando sus diferencias para sentarse ante el televisor para ver el partido, es por lo menos alentador. Ya sé que más de uno pensará que es normal, viviendo donde vivo, que si fuera en otra provincia, en otra comunidad, no habría banderas. Bueno, es posible, pero en la selección de fútbol no sólo hay castellanos y andaluces, sino que también hay vascos y catalanes que se abrazan a sus compañeros cuando suena nuestro himno o que llevan con orgullo los colores y el escudo. ¿Por qué? Porque la separación es debilidad, en el fútbol y en la vida real.

¿Hay menos crisis porque juegue España? No. Lo que ocurre es que durante al menos 90 minutos, la prima de riesgo está en segundo plano. Puede ser la representación del “pan y circo”; pero también es un aliciente. En España hay talento y juntos podemos salir adelante, aunar voluntades por un objetivo común, sumando lo interesante de cada diferencia para crear un grandísimo equipo. ¿Podría ser la selección la misma sin Casillas o sin Xavi? Ser la misma, no lo sé, porque nadie es insustituible; pero lo que está claro es que más de un partido no lo habríamos ganado. O no. Es ciencia ficción porque la realidad es la que es. A lo mejor habría sido genial tener otros rivales; pero sólo con las dificultades, con los grandes retos somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos. La historia de nuestro país está llena de esos momentos en que parecía que todo se iba al traste y sin embargo, con empeño y fe salieron de otra forma a la que se esperaba.

Confianza. La gran palabra que puede mover a las personas. Cuando confías en alguien, continúas aunque todo parezca en contra. La confianza no se consigue así como así ni se puede fingir. La confianza ni se compra ni se vende, se conquista. Y, podría decir que cuando se pierde una vez, no se vuelve a recuperar, al menos no en la misma forma. Este pais tiene que recuperar la confianza en si mismo, no por la clase gubernamental, sino porque podemos hacerlo. Aunque no lo parezca. Por eso es tan interesante que algo tan concreto como el fútbol pueda ofrecernos un punto de vista más allá de lo que es en sí mismo. Todo puede servirnos de señal para conseguir nuestros objetivos. Todo depende de estar centrados en mirar lo que queremos y tener un plan para conseguirlo. Flexible, dinámico, con un punto de improvisación; pero con un plan. Igual que cuando jugamos o conducimos, cuando realizamos nuestras actividades cotidianas.

Por ello, es bueno sacar las banderas y animar. Porque animándolos a ellos, nos animamos a nosotros mismos, recuperamos la confianza y la esperanza y podemos enfrentarnos a lo que tenemos que hacer con fuerzas renovadas. Nuestra felicidad no depende de otros que no seamos nosotros mismos, por supuesto. Mas, todo se puede aprovechar en nuestro beneficio, para disfrutar más, incluso de lo malo o de lo nimio. Todo vale para quien sabe mirar. ¿Dejas la bandera en casa o te arriesgas a hacer tu parte?

jueves, 31 de mayo de 2012

El cierre de Veleta


En el pueblo en el que vivo, hay una papelería de esas de toda la vida. Un negocio familiar donde los clientes son amigos más que monederos. Donde el olor de la tinta, del papel y de los libros se entremezclan con el ruido de las fotocopias, de las grapadoras y de las gomas de las carpetas. Un negocio donde la sonrisa del vendedor es sincera, donde se para el tiempo y todo el mundo es bien acogido. Una tienda encuentro de escritores noveles con consagrados y donde la literatura local es una apuesta que se acepta por vecindad más allá del renombre. 
Ese negocio se llama Veleta, está al lado de la plaza del ayuntamiento y esta semana me sorprendió con el cartel de "Liquidación por cierre". ¿Cierre? ¿Cómo es posible? Me pregunté y poco a poco salieron respuestas hasta hace poco imposibles: la crisis, la competencia de las grandes superficies, la bajada de las ventas. Se cierra una parte del alma de nuestro pueblo. Los negocios no duran para siempre y lo que ayer funcionaba hoy se tiene que cerrar. Es duro pensarlo, nuestra economía es así. Un poco más arriba en esa misma calle, hoy han puesto los carteles de una sucursal bancaria. Cerramos una papelería para abrir un banco. ¡Qué paradoja! El negocio del dinero se impone al negocio de la cultura. 

jueves, 29 de marzo de 2012

El negocio de las redes sociales


Si hay algo que está en boca de todos en la actualidad son las redes sociales. Personalmente, creo que responden a una necesidad más que a una moda pasajera. Las empresas no son ajenas a esta realidad y se plantean si son un negocio para ganar dinero o simplemente un sitio de recreo donde charlar con los amigos y pasar el rato. En el congreso de iRedes se habló largo y tendido de ello, desde las posibilidades de negocio hasta la rentabilidad en lo que se refiere a retorno de la inversión o a la propia venta. En mi opinión, como ya he indicado, las redes responden a la necesidad de comunicación que tenemos las personas. Y por ello, son un negocio del que se pueden sacar numerosos beneficios. Lo primero a destacar es la interacción entre consumidores y las empresas, las marcas. En la actualidad, somos muchos los que antes de tomar una decisión de compra consultamos los foros de opinión  que son las redes. Si antes preguntabas a alguien que ya tuviera ese coche o esa televisión, ahora internet posibilita tener muchas más personas recomendando o quejándose. Lo cual es una ventaja. Si estas en las redes puedes acceder a información de un sitio con más facilidad que antiguamente con tu red de amigos. De hecho, podría asegurar que en la decisión de ir a un restaurante o a otro, a un hotel o a otro, las opiniones de usuarios empiezan a ser realmente importantes, facilitan un feedback humano realmente interesante. Si eso es a nivel de usuario, a nivel de empresa tener un conocimiento directo de lo que opinan sus clientes, tener un estudio de mercado actualizado puede dar una información muy valiosa para los negocios. 
¿Deben las empresas estar en las redes? Estar por estar, sinceramente no merece la pena. Estar en las redes es algo más que crear una web, o un perfil de twitter o una fanpage en Facebook. Si no se actualiza periódicamente, si no se generan contenidos interesantes, si no se escucha a los usuarios porque se sigue el sistema antiguo de emisor-receptor no se pueden pedir resultados. Estar en las redes porque están los competidores, en mi opinión también es un error. Lo mejor es estar por convicción, por englobarlas en un objetivo común, por saber lo que se dice de la marca para bien y para mal, sabiendo lo que quieres hacer. Porque si una empresa sabe lo que quiere, puede llevar a cabo estrategias para conseguir los objetivos. Sabrá cual es la red social donde mejor puede conseguirlos y rentabilizar su presencia en términos de clientela y económicamente hablando. Las redes son una conversación entre personas en la que se facilita información y que requiere escucha activa. Saber lo que están diciendo los usuarios de la propia marca permitirá subsanar errores y adecuar las líneas para un mejor negocio, para generar confianza y fidelizar. Creará comunidad alrededor de una marca, usuarios que defiendan a esa marca como algo propio, que sean activos y que participen.
Los primeros embajadores de la marca son, sin duda, los empleados, los trabajadores. ¿Alguien se compraría un coche, por ejemplo, si el familiar Fulanito que trabaja en esa marca, Fabulous por ejemplo, no se lo recomienda? Si alguien de la casa no lo recomienda, será por algo ¿no? A mi por lo menos no me infundiría demasiada confianza. Por eso es importante que las acciones en las redes sean algo de toda la compañía, no sólo de unos cuantos "frikis" que se conectan y se pasan las horas ante el ordenador. A diario, son muchos los que están ante un ordenador de forma habitual en su trabajo, que es una herramienta de trabajo y que no supone una pérdida de tiempo productivo por ello. Los empleados son algo más que números, que niños a los que los jefes deben tratar como bebés a los que hay que vigilar. Las personas son responsables en la medida en que se sienten valorados e integrantes de un proyecto, en que hacen algo personal de los objetivos de la empresa. Es una cuestión de confianza y de crear equipo. Si lo haces en la empresa, en las redes también lo harás. Las acciones no son independientes, sino que todo irá en la linea de conseguir los objetivos, tanto en producción, como en publicidad, como en las relaciones. 
Los empleados son importantes para evitar a los vendedores de humo, a los que ofrecen duros a precio de peseta, como se suele decir. Las redes no son gratuitas. Es necesario una inversión de tiempo y de dinero. Sí que hay acciones que pueden resultar baratas; pero que en tiempo necesitan creatividad y confianza. El Retorno de la Inversión (lo que se conoce com ROI) existe pero no en plan rápido e inmediato. La apuesta debe ser convencida, sabiendo que merece la pena escuchar y haciendo acciones convenientes y realistas. Como en todos los campos, hay personas charlatanas y profesionales. Este mundo es cambiante, nuevo y fresco. Eso supone una serie de oportunidades muy interesantes tanto de negocio como de empleo. Pero también requiere un aprendizaje, un ir haciendo pruebas, tener los pies en el suelo y estar formándose constantemente. Todos los meses surgen nuevas redes, desde las generales a las específicas que van tratando nichos de mercado concretos. Es un mundo cambiante en el que la confianza juega un papel predominante. Para confiar y tener paciencia en las acciones y desconfiar de los que no saben de lo que hablan. Me explico, es fácil encontrarse ofertas de trabajo en las cuales el que oferta no tiene ni idea de lo que pide. ¿Un ejemplo? Pedir cinco años de experiencia en el manejo de Google+ cuando acababa de lanzarse al mercado. También los candidatos mienten cuando hablan de una experiencia de 10 años en twitter cuando realmente sólo tiene 6 años de existencia. 
Hay casos de éxito, de subida de ventas, de mayor fidelidad a una marca. Hay personas que han hecho las cosas bien y que comparten de forma sana, porque el éxito no tiene por qué hacernos egoístas y otro tipo de relaciones empresariales, otro tipo de empresa es posible más allá de que sean máquinas de hacer dinero sin importar valores. Las redes pueden hacerlo posible en la medida en que las personas que están en ellas crean en ello, crean que pueden cambiar las cosas a mejor y las utilicen con ese fin. No es idealista, hay muchas personas que creen en ese tipo de humanismo y que al mirar al otro ven algo más que un medio de conseguir hacerse rico en poco tiempo. Los objetivos interesantes están a medio y a largo plazo.
¿Qué ocurre con los que no están? Bueno, no a todos los sectores las redes les pueden ofrecer algo interesante. Hay personas, empresas que pueden decidir no estar y es igual de legítimo que el que está. Si no te aportan y pueden hacerte más daño que bien, es lícito y diría que hasta loable. No se trata de convencer, de imponer las redes porque son una herramienta, no la panacea para solucionar todos los problemas. Son una oportunidad más, no la única. No es algo rígido sino algo cambiante, algo vivo. No es un modelo inmutable, sino que lo que funcionaba ayer, hoy puede no funcionar. En ese aspecto puede  estar cerca de una moda, en la medida en que puede evolucionar y que las herramientas que no funcionen, se abandonarán por otras que permitan otras ventajas, otras oportunidades. Porque eso es la vida, evolución, a veces con cambios dramáticos y otros con cambios que ni se perciben en la inmediatez del tiempo. 
Las redes son un negocio, pero sobre todo son una oportunidad para tener una visión diferente. Aprovecharla para conseguir un beneficio del tipo que sea es algo que depende de cada uno. 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Periodistas y Redes


Sigo con las reflexiones que me ha originado el iRedes. Y eso es precisamente lo que quiero escribir, mi reflexión sobre este panorama. No busco ni hacer amigos ni enemigos, simplemente expresar lo que pienso sobre algo que me toca muy de cerca, porque soy periodista y aprendiz en esto de las redes sociales. Así que, sin justificarme, que cada uno opine lo que quiera sobre estas líneas porque estoy convencida de que las opiniones son libres y lo importante es que cada uno tenga la suya con independencia de si es la opinión mayoritaria o no. Porque de todas las opiniones se puede aprender, hasta de las más opuestas a las propias. A veces nos permitirá reafirmarnos en las propias, otras nos darán un punto de vista que nos hará entender mejor a los que nos rodean, y eso es siempre muy valioso para la convivencia, porque nos hace personas, nos hace humanos.
Lo primero que me llamó la atención en el congreso era la especie de confusión en la profesión sobre si las redes sociales son o no un medio de comunicación. Personalmente creo que no. Las redes son un canal, una herramienta de comunicación; pero no pueden ser un medio, en el sentido tradicional, como puede serlo la prensa, la radio o la televisión. ¿Por qué? Porque los medios tienen una línea editorial, mientras que las redes sociales son personales. Y aunque puede parecer algo nimio no lo es. En un medio, un periodista se debe a su línea editorial, en las redes, las personas se deben a si mismas. ¿Entonces los periodistas que escriben en las redes? Evidentemente, es muy distinto escribir en las redes como un canal más del medio que a escribir de forma personal. Al igual que es diferente informar a opinar. En una cuenta personal, seas periodista o no, tienes derecho a escribir sobre lo que quieras, mientras que si eres la cara visible de una empresa, es una cuenta profesional, debes escribir de acuerdo a un manual de estilo. Y este es un tema importante. Enlaza con lo que puede o no hacer la empresa con las opiniones de los empleados en las redes sociales. Ya hemos visto noticias de personas que pierden sus empleos por opinar de forma contraria a la empresa en la que trabaja. ¿Es lícito? Personalmente creo que no; pero supongo que los directivos de recursos humanos pueden tener otra opinión. Supongo que esa idea de tener como amigos de Facebook a los jefes no es la mejor idea que se puede tener. Y tener a los compañeros de trabajo, supongo que depende de la relación que se tenga. Cada red social tiene un cometido y no se publica de igual forma en Facebook que en Twitter, en Tuenti que en Google+. Por tanto, creo que por sentido común hay que hacer cierta división de los contactos en las redes, dependiendo de lo que quieras compartir y, al mismo tiempo, ser consciente de lo que significa escribir opiniones.
Las redes pueden facilitar mucho la labor de los periodistas. Quizá por eso no comprendo que en algunas redacciones, su acceso esté prohibido. El tiempo en las redes puede ser profesional, no se trata de estar conectados por el hecho de estarlo. Las redes permiten un contacto directo con los lectores, el que cada internauta, por así decirlo sea un periodista en su localidad, sea corresponsal a través de su smartphone. Es normal tener cierto respeto o cautela a la novedad; pero no es bueno perder oportunidades que pueden facilitar el trabajo y dar una inmediatez que puede ser beneficiosa. Una inmediatez que debe usarse profesionalmente en los medios sin caer en la rumorología. El periodismo es información y generación de opinión, por lo que hay que darle la debida credibilidad a las fuentes. No es lo mismo seguir a una persona y que nos diga que ha habido un accidente en una carretera a que esa misma persona nos diga que los dinosaurios han aparecido en una ciudad. Creo que algo que no debemos perder de vista nunca es la intuición del sentido común. La sociedad va a un ritmo que los medios tradicionales sólo pueden permitirse con las nuevas tecnologías; pero se equivocarían si perdieran su identidad, lo que los hace únicos, lo que les diferencia. 
¿Vale cualquiera para comunicar? Mi opinión es que no. Todos nos comunicamos, por supuesto, pero hay algunos que lo hacen mejor que otros, depende del talento de cada uno. Tener talento para ello no significa creerse superior o quedarse ahí. Puedes tener una habilidad que si no la desarrollas, creo que no vale para nada. Al igual que en otros campos, en la comunicación es necesaria la formación y la experiencia, la teoría y la práctica. Se puede aprender a comunicar, se tenga talento o no, aunque si no se tiene ese talento, costará más hacerlo. Y las redes no son un campo diferente en este aspecto. Los que estamos en ellas sabemos que hay blogs que merece la pena seguir, que generan y aportan contenido original y otros que son un copia-pega de las tendencias de google, meros repetidores. Depende de tu objetivo cuando escribes un blog el decidir lo que tienes que hacer.
Con internet ya no hay intermediarios como pueden ser las editoriales, para publicar contenido. Cualquiera con un ordenador, con conexión a internet puede publicar sus ideas y eso hace que la red sea una gran plaza donde nadie es más que nadie por tener un nombre, sino que de igual a igual uno tiene que ganarse el respeto, donde se produce por así decirlo una democracia real. Y ésto es apasionante y arriesgado al mismo tiempo. Si sólo te preocupa la cantidad, puede ser frustrante que no tengas mucho seguidores. Si lo que te preocupa es comunicar, puedes encontrarte amigos más que seguidores, lo que te generará un beneficio personal que va más allá del económico.
¿Deben los periodistas estar en las redes? Por supuesto. No por el mero hecho de estar, sino porque en las redes están sus lectores, sus oyentes, sus televidentes. No pueden dejar que lo urgente o lo inmediato les anule el criterio, su identidad; pero escuchando se aprende mucho. Las redes pueden ser una herramienta más de su trabajo, una manera de volver al tú, que es mucho más que la masa.

martes, 27 de marzo de 2012

Comunicación no verbal en las redes sociales


Siguiendo con el ciclo de reflexiones sobre el iRedes, hoy abordo la comunicación no verbal. Porque, si bien en las redes se tratan de caracteres, se comunica también con los silencios. A veces, de hecho, se comunica más con el silencio que con la palabra. No sólo porque hablar a veces sea hacer ruido sino porque se necesita tiempo para escuchar al otro, que es la esencia misma de la comunicación, uno habla, otro escucha y así sucesivamente. También llamo la atención sobre los caracteres. Twitter por ejemplo, para tratar redes sociales, tiene un límite de 140 caracteres. No diferencia entre letras y espacios en blanco, silencios. Son necesarios. La barra espaciadora en los teclados es la tecla más grande ¿nos dice algo, nos llama la atención sobre algo? Porque, a lo mejor, estamos mirando sin mirar, estamos en otra onda. Los espacios en blanco son necesarios para comprender el mensaje, lo mismo que los espacios abiertos en la realidad, el asomarnos al mundo con apertura de miras, con horizonte, que no todo puede ser hormigón, cemento y asfalto. Hay que dejar huecos libres, no sólo en las agendas, sino también en nuestro espacio y en nuestras relaciones. Puede que esos huecos se llenen, como los solares vacíos, con otros elementos que nos aporten frescura, o bien sirvan como desahogo a la frenética realidad, que nos ayuden a respirar. 
La escritura implica cierta distancia. Cuando dos personas se comunican, están en juego los gestos, la entonación, lo que nos transmite en conjunto. Al escribir se pierde, al menos de cierta forma. Sí, podemos llevar con nuestras palabras al lector a experiencias y sensaciones diferentes, dependiendo de lo buen escritor o no que se sea podrá despertar la imaginación, la emoción o simplemente el desencanto. Y es mucho, porque cuando alguien dedica su atención, su tiempo a leer un texto, está dando algo muy personal. Al igual que también lleva tiempo escribir con cierto criterio, con cierto orden. Sobre todo porque estás dando a conocer aspectos personales, exponiéndote a ser juzgado, a ser interpretado, para bien o para mal. Una cosa es que te afecte lo que opinen los demás y otra muy diferente es que no pienses que tus actos pueden tener repercusiones. 
En las redes sociales, por el hecho de ser en su mayoría, canales de comunicación, también existe la comunicación no verbal. Me refiero a los emoticonos, a estas caritas que ponemos al final de una frase para que el lector tenga una pista más sobre cómo decimos lo que estamos diciendo. Necesarios en la medida en que nuestro discurso puede llevar a interpretaciones erróneas. También está la comunicación del silencio. Y en este punto conviene recordar que las redes pueden ser de muchas cosas, desde redes de pescador a redes de carreteras. El mundo material no es diferente ni contrario al que está en internet. Cuando queremos comunicarnos con alguien, es necesario pensar que los ritmos vitales pueden ser diferentes. Desde horarios distintos a obligaciones y accesibilidad. Podemos estar las 24 horas conectados y ser como los zombies o podemos dar tiempo de calidad a nuestras relaciones, sean como sean. Nunca sabemos cómo serán las respuestas, los impactos que vamos lanzando. Podemos prever acciones, pero cuando la libertad del otro se pone en juego, es mejor no dar nada por supuesto. Nos relacionamos con intereses, por supuesto; pero no siempre los resultados son los que pensamos. Al conocer a otra persona, a lo mejor hoy no te aporta nada; pero quién sabe si mañana los caminos se volverán a juntar y sea una persona decisiva. Cuando vas a un congreso vas conociendo a gente, te vas relacionando y el tiempo dirá si esas relaciones fueron pasajeras o has encontrado a un futuro socio en un proyecto o a un amigo. Si eso pasa en la vida física, ¿cómo no va a pasar online? Todos tenemos nombre y apellidos, todos podemos estar en la cabeza de alguien, aunque a veces no lo sepamos.
Una frase que me llamó la atención en el iRedes fue: "Si bebes, no tuitees". ¿Por qué? Porque en las redes, lo escrito queda y las interpretaciones son muchas. Antes, tú decías una tontería y se quedaba en un círculo más o menos cerrado. Ahora, es como si tuviéramos un altavoz y esa tontería puede llegar a muchísima más gente. A lo mejor has escrito pensando en un amigo, con complicidad y al final tus palabras llegan a alguien que ni te conoce. Porque, pensamos que por seguir o leer a alguien le conocemos, cuando nada hay más lejos. Somos conscientes de lo que queremos expresar cuando escribimos, cuando nos comunicamos; pero no podemos controlar lo que le llega al otro, lo que hará con lo que percibe y con ese conocimiento. Eso forma parte de la responsabilidad del otro. Hablamos desde nuestra experiencia, podemos usar muchas palabras, pero eso no nos asegura que el otro no haya vivido una experiencia contraria. Es lo que escribía en el post anterior de las perspectivas de un objeto.
¿Existe la comunicación no verbal en las redes? Sí, es obvio. Los seres humanos somos personas en todo lo que realizamos y la comunicación no verbal es algo intrínseco a nuestra naturaleza. La forma en cómo la expresemos variará. No podemos usar todos nuestros sentidos pero quizá sí que podemos usar el sentido común, siguiendo una serie de principios básicos, no escritos; pero que nos pueden ayudar en las relaciones tanto dentro como fuera de la red.