Parafraseando el best seller, mientras escucho un poco de música en la madrugada, escribo un post en la tranquilidad del silencio nocturno. Es lo que tiene que me haya tomado una coca-cola a las 15.00. El sueño es ausente y Morfeo debe de andar muy ocupado con Trinity y con Neo protegiendo Sión de Matrix, porque mi mente anda demasiado despierta. Pensando en lo que ha ocurrido en estas últimas semanas en las que el cambio se ha establecido en mi vida con una marca indeleble y un claro sentido de quedarse. ¿Algo más contrario al cambio que lo constante? Y sin embargo, parece que me establecido en el constante cambio. Cuando ya me había hecho a la situación laboral, cambio de puesto, cambio de ordenador y cambio de tarea. Lo primero es normal, lo segundo es un engorro y lo tercero mi respuesta a una petición. Cambiar de puesto te da una perspectiva distinta de la empresa, antes estaba al lado de la puerta y de personal. Ahora estoy perdida en medio del departamento, lejos del pasillo... pero cerca de los muebles donde se pone, quizá demasiado a menudo (¿o no?) el desayuno y el aperitivo cada vez que hay un cumpleaños o una celebración. La "operación bikini" va a ser complicada en mi nuevo puesto, aunque tengo uno de los ordenadores más antiguos de la compañía. Y así va, ni el "Arre24" del asturiano va así de despacito. Me he tenido que configurar los programas que usamos, desde el correo al de logarse en el teléfono. Tengo que hacerme con un teclado que de vez en cuando se come la barra espaciadora... como para unas prisas. El tercer cambio es el que origina el título del post. Cambio de tarea, dejo la cuota de particulares no siempre todo lo educados que uno quisiera para empezar a llevar de nuevo gestiones con constructoras y promotoras. Una nueva línea de negocio que necesita que alguien la controle, vea lo que ocurre y dé la voz de alarma si se sale de madre. Un trabajo perseverante, sin demasiados fuegos artificiales, de estar a lo suyo, sin depender de los gustos de unos y de otros. Un trabajo que por lo visto, en el departamento sólo tenía un nombre. ¿Adivináis cual? Parece que mi manera de trabajar en plan "pilar" desde mi puesto, haciendo lo que tengo que hacer sin buscar protagonismo y peloteo absurdo, es tenido en cuenta por las altas esferas que saben por experiencia que puedo poner orden en el supuesto caos. Ya lo demostré hace tiempo y parece que, como la receta funcionó, hay que volver a aplicarla. Una nueva etapa, aunque ya he perdido la cuenta de todas las que llevo.
¿Cómo vivo el cambio? Con el ejmplo de los pilares de un edificio, que saben que sin su labor, la fachada se derrumba. Parece que como no están a la luz no son importantes. Pero lo son. Yo sigo en un curro que parece que no es lo mío, que más de uno puede pensar que estoy malgastando mi vida, cuando podría hacer otras cosas. Sí, seguramente podría estar en otro sitio... pero donde estoy es donde tengo que rendir, dar lo mejor de mi misma, teniendo muy claro que cuando salgo por la puerta me esperan las verdaderas razones de mi vida, los verdaderos pilares donde se asienta mi vida y mi felicidad. Porque el trabajo es importante; pero sin el equilibrio con la vida familiar, lo único que deja es agotamiento físico y psíquico... pero vacío. Lo he podido comprobar esta mañana. La gente llevaba "derrotada" a trabajar a las 7.30. ¿Cómo acabarán la semana? No lo sé. Estoy convencida que no siempre lo que empieza mal acaba mal... más si a las 7.30 estás derrotado... no sé, el día debe hacerse cuesta arriba, en plan canción arrastrada de los Secretos. Supongo que vivo de otra manera y la Semana Santa ha pasado dejando paso a la Pascua, la alegría de la Resurrección, de saber que hay Alguien que me sostiene y da sentido a todo lo que hago, a ese "dejarse morir" en el tiempo y en las circunstancias. Porque el tiempo que pasa es tiempo que nos hace morir y cada uno elige cómo ocurre. Y si la mirada está centrada, la vida arraigada a los pilares, los cambios pueden tambalear la superficie, como las olas del mar que en cuanto sumerges la cabeza, reina la calma. Cada día me gusta más la imagen del constante golpear de las olas en la orilla. Debe ser mi alma mediterranea que de vez en cuando aflora en medio de la meseta. Cada día veo más que es verdad esa frase de que hay que mirar las cosas de tejas para arriba. A veces estamos demasiado metidos en casa, en nuestros problemillas como para ver que la solución puede ser tan sencilla como abrir la ventana o salir a la calle. Nos empeñamos en estructurar nuestra vida sin dejar que las cosas nos sorprendan para bien... y fuera hay muchas cosas que nos pueden sorprender. Desde una reacción inesperada en algo tan pequeño como el comportamiento de un peque de dos años, a que cojas el coche y cuando esperas un atascazo, no hay coches, o puedes aparcar donde te gusta. Sólo hay que estar pendiente de los pequeños detalles. ¿Un ejemplo? Buuuffff, hay tantos que quizá no podría quedarme con uno solo. Vivir en el mundo, en pareja, tener un trabajo, una familia dan muchos ejemplos... Los toques de atención de la vida. Hace poco, yo andaba un poco "baja", sin saber muy bien por qué... quizá el cansancio, quizá la amenazante rutina... recibí una carta, de una persona que recuerdo cada día... justo en el momento en que necesitaba el empujoncillo, allí estaba en el buzón. Ultimamente también me pasa los primeros jueves de mes que me acerco cuando Jose duerme a Dani y yo dejo mi casa por unas horas para ir a la parroquia a la exposición del Santísimo y como que mi alma respira en ese silencio que dice tanto y que aclara tanto mis tormentas. Volver a la fuente, contrastar los pasos que se han dado por si hay que rectificar o se puede seguir adelante. Y puede que esté agotada, que ya no llegue a más... pero cuando creo que ya no puedo más, todavía "aguanto". Lo veo cada noche con mi marido, llega agotado del trabajo y Dani, que no entiende de cansancio, reclama a su papá. Y mi marido se entrega sin malas caras, con todo su amor por el peque. Lo veo en Jose y lo ví en mi casa, con mis padres. Siempre pendientes de nosotras, sin mirar sus propias fuerzas, sino lo que necesitabamos, aunque fuera dar un beso a las 4 de la mañana para hacer olvidar una pesadilla o un mal sueño.
Sólo cuando tenemos los verdaderos pilares de nuestra vida, podemos llegar a ser lo que podemos llegar a ser, aceptar lo que ocurre a nuestro alrededor y vivirlo de forma que todo sea un instrumento para ser felices en medio de los líos. Cada uno en su sitio, aunque para encontrarlo demos más de un rodeo. Lo importante del pasado es que nos ha hecho llegar a donde estamos, no nos detiene. Y no es solo una frase más o menos bonita. Es una realidad. Las famosas circunstancias de Ortega son nuestro pasado, lo que nos ha hecho ser como somos y donde nos apoyamos como si de un trampolín se tratase para intentar alcanzar los sueños. Quizá mis sueños parezcan insignificantes, o mis "logros" sean irrisorios para algunos... ¿Qué más da? Yo sé lo que me ha costado llegar a donde estoy, sé lo que es pelear con la muchedumbre cuando el tren te ha dejado en la otra punta de la estación y tu salida está al otro lado. Aunque muchos se empeñen en que es mejor salir por donde van todos, NO, si tu salida está en la otra punta, avanza en esa dirección, aunque sea despacio. ¿O acaso si esa muchedumbre se fuera a tirar por un barranco tú lo harías? Yo por lo menos no... y estoy convencida de que habrá varios que piensen como yo y que, quizá sólo necesiten ver a uno moverse en otra dirección, para hacerlo ellos también. A veces es bueno, no mirar a la masa sino al 1+1+1+1+1+1+1... porque las personas que te cruzas en la calle, en el metro, tienen nombre propio y circunstancias particulares... quizá para tí no sean más que un bulto... pero para alguien son importantes. ¿Por qué pensar de forma egoísta o mirar sólo lo que puedes sacar de tus semejantes? Si quieres cambiar el mundo quizá más que esperar a que los demás hagan algo, va siendo hora de ponerse a trabajar y aportar el granito de arena. Seguro que la experiencia es mucho más enriquecedora de lo que puedas siquiera soñar.
lunes 13 de abril de 2009
lunes 23 de febrero de 2009
¡¡¡ A disfrutar !!!
¿Os habéis parado a pensar lo poco que disfrutamos de la vida? Algunos se pasan los días pensando en las vacaciones o en el viernes, o lo que van a hacer cuando salgan del trabajo. Siempre esperando momentos por venir lo que hace que tengamos más prisa por acabar lo que hacemos y no disfrutemos de ello. ¿Estamos hechos para tener ese constante anhelo? Es algo que quema, que termina desesperando porque estamos hechos para otra cosa. Sí, ya sé que puede sonar a utopía. ¿Cómo vas a disfrutar en el trabajo, teniendo clientes que sueltan sapos y culebras? Supongo que se puede disfrutar del trabajo por el mero hecho de que lo tienes, algo que no todo el mundo puede decir y sacando el lado bueno. Porque todo trabajo tiene su lado bueno, desde los compañeros hasta el tema monetario. Una cosa es que tu trabajo te guste y otra que disfrutes de lo que haces. ¿Disfrutamos de lo que hacemos? Nos pasamos la vida haciendo fotos para recordar sitios donde estamos, como si fuera una manera de retener los buenos momentos vividos. No digo que sea malo, pero seguramente los mejores momentos no se tengan en fotos sino en la cabeza. Por ejemplo, cuando nació Dani, el momento en que me lo pusieron encima, no está recogido en ningun fotograma; pero puedo asegurar que me acuerdo como si fuese ayer.
Disfrutar del momento, de lo que toca hacer, sea lo que sea, desde trabajar a conducir. La manera de afrontarlo todo cambia, desde el mismo momento en que "el chip". Así, los lunes son algo más que un madrugón, un atasco, una gronca con el cliente... es algo más que hacer y hacer cosas... es vivir con intensidad lo que toca hacer, querer hacer lo que estás haciendo. ¿Por qué esperar al viernes, al fin de semana o a cuando me jubile para disfrutar de la vida? ¿Quién me asegura que llegaré allí? Con lo que cuento es con este momento, por lo que si quiero ser feliz, debo intentarlo ahora, intentar disfrutar de lo que la vida me ofrece.
Ya sabéis... ¡¡¡a disfrutar!!!
Disfrutar del momento, de lo que toca hacer, sea lo que sea, desde trabajar a conducir. La manera de afrontarlo todo cambia, desde el mismo momento en que "el chip". Así, los lunes son algo más que un madrugón, un atasco, una gronca con el cliente... es algo más que hacer y hacer cosas... es vivir con intensidad lo que toca hacer, querer hacer lo que estás haciendo. ¿Por qué esperar al viernes, al fin de semana o a cuando me jubile para disfrutar de la vida? ¿Quién me asegura que llegaré allí? Con lo que cuento es con este momento, por lo que si quiero ser feliz, debo intentarlo ahora, intentar disfrutar de lo que la vida me ofrece.
Ya sabéis... ¡¡¡a disfrutar!!!
martes 3 de febrero de 2009
El último reducto del periodismo
Viendo el panorama periodístico mundial está demostrado que el último reducto del periodismo libre e independiente son los blogs. En el momento en que un licenciado en periodismo (ojalá todos los que trabajan en los medios lo fueran) entra a trabajar en un medio, entra a trabajar en una empresa que tiene unos intereses bien concretos: hacer dinero. Nadie trabaja por amor al arte o porque se aburre en casa. Cuando dependes de ese sueldo para llevar adelante a tu familia, la independencia deja paso a la necesidad. Los medios se acercan a los poderes democráticos... bueno... si es que se puede hablar de poderes públicos por separado... pues la independencia de los poderes legislativo y judicial cada vez es más cuestionable. Los que tienen el poder saben los hilos que tienen que mover para que los periodistas miren para otro lado o se traguen las bombas de humo que lanzan a la Opinión Pública. Porque los hechos son sagrados... y el pan de la familia más todavía. Aunque es cierto que los hechos terminan imponiéndose a los intereses y quien dijo "digo" puede terminar diciendo "diego".
El caso es que la actualidad está dando sopresas y no precisamente agradables: las empresas periodísticas no se libran de los famosos "ERE" (Expediente de Regulación de Empleo) que es un acrónimo que queda mejor que decir que están echando a muchas personas a la calle, para intentar mantener la productividad (y los beneficios). Recientemente ha desaparecido del mercado el periódico gratuito "Metro" porque desde la empresa-madre, sueca por cierto, se ha decidido que ya no era rentable mantener una plantilla de 83 trabajadores visto los pocos anuncios que tenían. 83 periodistas, jóvenes en su mayoría, que ya engrosan las cifras de por sí, engordadas, el INEM. Los grandes grupos editoriales (Prisa, Zeta, Correo...) revisan sus cuentas e intentan echar fuera las piedras que les pueden hundir en la tempestad. Si ya era bastante difícil conseguir un empleo con la licenciatura de periodismo, ahora hay que añadirle los efectos de la crisis.
Sin embargo, sólo es necesario tener acceso a internet para transmitir ideas, contar hechos, que es realmente la esencia del periodismo, ser mensajeros, canales de comunicación, con toda la objetividad que sea posible. Cierto que, aunque no lo valoremos, tener acceso a internet (lento o rápido) es un privilegio que pocas personas en el planeta tienen. Por no hablar de que es un invento reciente. ¿Y si no hubiera internet? Mi teoría es bastante simple: el ser humano se inventaría algo para comunicarse. La historia nos lo demuestra una y otra vez. Siempre, desde el principio de los tiempos, la necesidad de comunicación ha sido la gran aliada del ingenio para conseguir objetivos, para transmitir conocimientos y llegar cada vez más lejos. Todo lo que rodea al ser humano puede ser objeto de comunicación, desde los sueños, los quehaceres, descubrimientos... Hay muchas formas de hacerlo, desde el lloro de un bebé recién nacido hasta el lenguaje más complicado. Nadie puede imaginarse a alguien que no se comunica, sería algo así como un paramecio, un ser unicelular. Los animales se comunican... y algunas plantas lo hacen a través de los colores de los que les ha dotado la naturaleza. El ser humano no se queda atrás. Los niños, por ejemplo, se comunican sin importar que unos hablén inglés, francés, italiano o alemán. Si quieren ser amigos, jugar juntos, no importa el idioma que hablen.
Los blogs aportan al panorama periodístico una frescura que no tienen los mass media, porque, salvo excepciones, a muchos "blogueros" no se les paga por sus post. Con lo que, al quitar el condicionante del dinero, se expresan noticias, hechos y opiniones de forma más cercana y libre. Cada uno de los que escribimos blogs tenemos una mirada particular sobre el mundo que nos rodea y que compartimos con aquellos que nos leen, sean de nuestra familia o no nos conozcan, estén cerca o a miles de kilómetros. Lo que por ejemplo para mí puede ser muy importante, seguramente no será de interés nacional. ¿A quién puede importarle que un vuelo de avión se retrase 20 ó 30 minutos? Al pasaje y a su familia. Si son muchos, le importará al aeropuerto en cuestión, porque al ministerio sería una gran noticia que le preocupase y tomase responsabilidad de algo. Para muchos puede ser hoy un día normal... para mí ha sido portador de una noticia triste... ha muerto una persona cuyo trabajo marcó mi infancia. Ha muerto Hans Beck. Si digo sólo su nombre, a muchos no les dirá nada, si digo que es alemán, tampoco aportará nada nuevo, pues podía llegarse a esa conclusión a través del nombre. Si digo que trabajaba en Geobra-Brandstätter, seguiría sin aportar nada. Pero... si digo que Hans Beck es el diseñador del los "clicks" primero de Famobil y después nombrados como los "clicks" de Playmobil... entonces, muchos a lo mejor no le ponen cara; pero sí que le ponen imagen a su trabajo. Somos muchos los que le debemos a ese hombre muchas horas de juego, de diversión, de echar a volar la imaginación y ser felices. Su fallecimiento pasará desapercibido en los medios, relegado a alguna de las páginas interiores. Aunque a muchos su trabajo les cambió la vida. ¿Supo él de las consecuencias de su trabajo? No me refiero a monetariamente, sino el ver la cara de un niño o de una niña montando el barco pirata, la granja, o el fuerte. Bueno, niños y no tan niños que siguen teniendo los ojos alegres, con un ligero toque de iluminación, al montar un juguete, aparentemente tan simple y que sin embargo da muchísimo juego. Hace poco descubrí que existen los playmobil funpark, algo parecido a los parques temáticos Disney, aunque más pequeños, por supuesto. Lugares donde jugar, donde ver nuevos juguetes y disfrutar. Ya me imagino a Dani corriendo por uno de ellos. Y todo porque hace tiempo una persona comunicó una idea que había tenido y apostó por ella, por un sueño al que llegó casi de casualidad. Toda una lección.
El caso es que la actualidad está dando sopresas y no precisamente agradables: las empresas periodísticas no se libran de los famosos "ERE" (Expediente de Regulación de Empleo) que es un acrónimo que queda mejor que decir que están echando a muchas personas a la calle, para intentar mantener la productividad (y los beneficios). Recientemente ha desaparecido del mercado el periódico gratuito "Metro" porque desde la empresa-madre, sueca por cierto, se ha decidido que ya no era rentable mantener una plantilla de 83 trabajadores visto los pocos anuncios que tenían. 83 periodistas, jóvenes en su mayoría, que ya engrosan las cifras de por sí, engordadas, el INEM. Los grandes grupos editoriales (Prisa, Zeta, Correo...) revisan sus cuentas e intentan echar fuera las piedras que les pueden hundir en la tempestad. Si ya era bastante difícil conseguir un empleo con la licenciatura de periodismo, ahora hay que añadirle los efectos de la crisis.
Sin embargo, sólo es necesario tener acceso a internet para transmitir ideas, contar hechos, que es realmente la esencia del periodismo, ser mensajeros, canales de comunicación, con toda la objetividad que sea posible. Cierto que, aunque no lo valoremos, tener acceso a internet (lento o rápido) es un privilegio que pocas personas en el planeta tienen. Por no hablar de que es un invento reciente. ¿Y si no hubiera internet? Mi teoría es bastante simple: el ser humano se inventaría algo para comunicarse. La historia nos lo demuestra una y otra vez. Siempre, desde el principio de los tiempos, la necesidad de comunicación ha sido la gran aliada del ingenio para conseguir objetivos, para transmitir conocimientos y llegar cada vez más lejos. Todo lo que rodea al ser humano puede ser objeto de comunicación, desde los sueños, los quehaceres, descubrimientos... Hay muchas formas de hacerlo, desde el lloro de un bebé recién nacido hasta el lenguaje más complicado. Nadie puede imaginarse a alguien que no se comunica, sería algo así como un paramecio, un ser unicelular. Los animales se comunican... y algunas plantas lo hacen a través de los colores de los que les ha dotado la naturaleza. El ser humano no se queda atrás. Los niños, por ejemplo, se comunican sin importar que unos hablén inglés, francés, italiano o alemán. Si quieren ser amigos, jugar juntos, no importa el idioma que hablen.
Los blogs aportan al panorama periodístico una frescura que no tienen los mass media, porque, salvo excepciones, a muchos "blogueros" no se les paga por sus post. Con lo que, al quitar el condicionante del dinero, se expresan noticias, hechos y opiniones de forma más cercana y libre. Cada uno de los que escribimos blogs tenemos una mirada particular sobre el mundo que nos rodea y que compartimos con aquellos que nos leen, sean de nuestra familia o no nos conozcan, estén cerca o a miles de kilómetros. Lo que por ejemplo para mí puede ser muy importante, seguramente no será de interés nacional. ¿A quién puede importarle que un vuelo de avión se retrase 20 ó 30 minutos? Al pasaje y a su familia. Si son muchos, le importará al aeropuerto en cuestión, porque al ministerio sería una gran noticia que le preocupase y tomase responsabilidad de algo. Para muchos puede ser hoy un día normal... para mí ha sido portador de una noticia triste... ha muerto una persona cuyo trabajo marcó mi infancia. Ha muerto Hans Beck. Si digo sólo su nombre, a muchos no les dirá nada, si digo que es alemán, tampoco aportará nada nuevo, pues podía llegarse a esa conclusión a través del nombre. Si digo que trabajaba en Geobra-Brandstätter, seguiría sin aportar nada. Pero... si digo que Hans Beck es el diseñador del los "clicks" primero de Famobil y después nombrados como los "clicks" de Playmobil... entonces, muchos a lo mejor no le ponen cara; pero sí que le ponen imagen a su trabajo. Somos muchos los que le debemos a ese hombre muchas horas de juego, de diversión, de echar a volar la imaginación y ser felices. Su fallecimiento pasará desapercibido en los medios, relegado a alguna de las páginas interiores. Aunque a muchos su trabajo les cambió la vida. ¿Supo él de las consecuencias de su trabajo? No me refiero a monetariamente, sino el ver la cara de un niño o de una niña montando el barco pirata, la granja, o el fuerte. Bueno, niños y no tan niños que siguen teniendo los ojos alegres, con un ligero toque de iluminación, al montar un juguete, aparentemente tan simple y que sin embargo da muchísimo juego. Hace poco descubrí que existen los playmobil funpark, algo parecido a los parques temáticos Disney, aunque más pequeños, por supuesto. Lugares donde jugar, donde ver nuevos juguetes y disfrutar. Ya me imagino a Dani corriendo por uno de ellos. Y todo porque hace tiempo una persona comunicó una idea que había tenido y apostó por ella, por un sueño al que llegó casi de casualidad. Toda una lección.
domingo 25 de enero de 2009
Extraña sensación
Llevo desde el viernes con una extraña sensación. La produce un hecho bien concreto: uno de mis ahijados, con 25 años, entró ayer en un monasterio trapense para ser monje, para pasar el resto de su vida en un mismo monasterio, en silencio, en oración, en soledad. Es algo que a muchos le trae recuerdos del pasado cuando los hijos "segundos" tenían que elegir entre el "rojo" de la casaca del ejército o el negro de la sotana. No es su caso. A otros les deja sorprendidos porque en un mundo como el actual, dejarlo todo para encerrarse entre cuatro paredes es como tirar la vida, como decir que no se sirve para nada. No se comprende, es algo que llama la atención, que lleva a preguntarse ¿por qué? ¿por qué elegir una opción de vida así? ¿No sería mejor hacer algo por los demás, irse de misionero o algo por el estilo que quedarse en la "tranquilidad" del claustro? Quien piensa así, seguramente, no sabe lo que es estar un día entero en soledad y silencio, no sabe enfrentarse a la pasividad, a las tentaciones de hacer cosas, por el mero hecho de sentirse útil y desterrar el vacío que todos tenemos al pasar un día sin hacer nada, aparentemente. Porque parece que los contemplativos no hacen nada. Tirar la juventud y la vida tras los muros de un monasterio es algo que... realmente no se produce. Las vidas así entregadas no se tiran. Es otra opción. ¿Qué es lo que produce una decisión así? Una decisión que sabes que va a producir dolor entre tus seres queridos, por el desgarro de la distancia, de saber que pase lo que pase no vas a salir del monasterio... Sólo hay una respuesta: el amor. El amor de Dios, el amar hasta el extremo de entregar la vida, el desaparecer del mundo para dedicar tu vida a rezar. Renunciar a la comodidad, a la propia voluntad, acoger la pobreza, el no tener nada tuyo. Es una respuesta a saberse amado, a saberse abrazado completamente con lo que nos gusta de nosotros y con lo que no. Es responder a una llamada, a estar ante el Sagrario y hacer de tu vida, de tu día una oblación de alabanza a Dios. No se comprende en un mundo tan ajetreado, tan influído por las modas, por el consumismo, por el capitalismo. De buenas a primeras nadie lo desearía para sus hijos o para un familiar, o para conocidos. Ser sacerdote, bueno... misionero, bueno... pero ¿monje de clausura? Tengo a varios amigos en monasterios y puedo asegurar que la respuesta menos mala ha sido la de los padres de mi ahijado que, con dolor, han sido ellos los que han llevado a Rafa a la Oliva. Las peores reacciones que he conocido es el intentar dar una paliza al sacerdote de la parroquia o poner una esquela en la puerta para indicar que su hijo ha muerto. ¿Qué pasaría por el corazón de esa persona al ver a sus padres tomando tal decisión? Un desgarro mucho mayor, porque quien elige una opción así, no lo hace a la ligera y sigue teniendo un corazón que quiere a los suyos. Una de las cosas más difíciles para los vocacionados es la respuesta de sus padres... Supuestamente deben apoyar la felicidad de los hijos... y a veces la ponen bien difícil. Algunos realmente no piensan en la felicidad de los hijos sino en su propia idea de felicidad... y como no comprenden lo que es la vocación contemplativa se lo ponen muy cuesta arriba.
¿Por qué mi extraña sensación? Porque he estado a su lado en su camino desde el principio, desde que el conocí en un campamento diocesano. Sé lo que le ha costado dar ese paso, la de veces que ha intentado acallar lo que le decía su corazón por seguir una vida más sencilla sin tanta complicación , siguiendo el amplio camino de la mayoría. Sé de sus luchas, de sus recelos, de sus miedos... de dar un paso tan radical. Sé que no lo ha hecho a la ligera sino siendo consciente y sabiendo que ahora va a tener un periodo de ver si realmente es su camino. Estoy contenta por él, porque sé que es su camino y que lo ha decidido sabiendo de las dificultades. Pero... es mi ahijado y en cierta forma me duele la separación. No he ido a su entrada, aunque espero poder estar cuando tome los hábitos, cuando haga los votos simples. Me costará, pero sé que es su felicidad y esas lágrimas pueden ser muy sanadoras. En cierta medida se parecen a las que derraman las madres (y algunos padres) en las bodas de sus hijos, cuando ven que "abandonan el nido" para seguir su propio camino. Y lloran porque dejan el hogar, pero están felices porque hacen lo que creen que es lo mejor. Claro que en esos casos les pueden ver siempre que quieran, o llamarles por teléfono, alegrarse de ver a los hijos de los hijos... algo que con los contemplativos no sucede. Pero si les ves felices, aunque sea en el locutorio tras una reja, debes alegrarte por ellos, aunque el corazón se queje por no poder abrazarles. Porque los padres, los hermanos y los amigos tienen que, ante todo, buscar y aceptar la felicidad de los que quieren. Cuesta, puedo asegurarlo... pero cada uno debe seguir su propio camino y los demás deben animar, pase lo que pase.
¿Por qué mi extraña sensación? Porque he estado a su lado en su camino desde el principio, desde que el conocí en un campamento diocesano. Sé lo que le ha costado dar ese paso, la de veces que ha intentado acallar lo que le decía su corazón por seguir una vida más sencilla sin tanta complicación , siguiendo el amplio camino de la mayoría. Sé de sus luchas, de sus recelos, de sus miedos... de dar un paso tan radical. Sé que no lo ha hecho a la ligera sino siendo consciente y sabiendo que ahora va a tener un periodo de ver si realmente es su camino. Estoy contenta por él, porque sé que es su camino y que lo ha decidido sabiendo de las dificultades. Pero... es mi ahijado y en cierta forma me duele la separación. No he ido a su entrada, aunque espero poder estar cuando tome los hábitos, cuando haga los votos simples. Me costará, pero sé que es su felicidad y esas lágrimas pueden ser muy sanadoras. En cierta medida se parecen a las que derraman las madres (y algunos padres) en las bodas de sus hijos, cuando ven que "abandonan el nido" para seguir su propio camino. Y lloran porque dejan el hogar, pero están felices porque hacen lo que creen que es lo mejor. Claro que en esos casos les pueden ver siempre que quieran, o llamarles por teléfono, alegrarse de ver a los hijos de los hijos... algo que con los contemplativos no sucede. Pero si les ves felices, aunque sea en el locutorio tras una reja, debes alegrarte por ellos, aunque el corazón se queje por no poder abrazarles. Porque los padres, los hermanos y los amigos tienen que, ante todo, buscar y aceptar la felicidad de los que quieren. Cuesta, puedo asegurarlo... pero cada uno debe seguir su propio camino y los demás deben animar, pase lo que pase.
jueves 1 de enero de 2009
Feliz 2009
Lo cierto es que tenía tentaciones de desear un feliz 2010, porque viendo cómo se presenta el 2009, económicamente hablando, dan ganas de que pase cuanto antes. Pero no, creo que este año que hoy empieza se presenta con tantos buenos proyectos que prefiero hablar en presente que en futuro. A pesar de lo que digan los diarios, la televisión y hasta alguna cantante de algodón de azucar con su "cualquier tiempo pasado...", el 2009 va a ser el mejor. ¿Por qué? Porque es una nueva oportunidad para sacarle lo máximo a la vida. Y no se trata de hacer los típicos propósitos de año nuevo: dejar de fumar, adelgazar, aprender inglés. No fumo así que el primero no me vale. Lo de adelgazar poco a poco y lo de aprender inglés... seguiremos intentándolo. No, el propósito de este año es vivir el hoy, pensar y disfrutar en presente. ¿Para qué adelantar acontecimientos si la vida me muestra cada día que los planes no salen como esperas? Me pasó ayer. Planeas la cena, preparas las uvas, el cava... y luego, nada de na. ¿Por qué? Porque casi se nos echa la hora encima con la cena, y porque Dani no consiguió dormirse hasta las tantas por lo que el brindis de dejó para una ocasión más propicia. Alguno ni se tomó las uvas y otros lo hicieron tarde. El año pasado me ocurrió igual y puedo asegurar que el 2008 ha sido estupendo, una gozada de año, con un montón de historias y de momentos para recordar. El 2009 aparece así; pero lo importante no es como empiezan las cosas, sino cómo acaban.
El 2008 me dejó con un interrogante. ¿Qué significa APRECA? Está puesto con luces en la calle Arenal de Madrid, como si fuera un adorno navideño y... hasta hace escasos momentos no tenía ni idea de lo que era. Pensaba que se trataba de una palabra en un idioma extraño deseando feliz Navidad, o el nombre de una tienda o algo así... pero... para ilustrar el post estaba buscando una foto de esa palabra y he encontrado su significado. Perdonad mi ignorancia porque no lo sabía. Con esto de ver más dibujos animados que telediarios, pues no sabía que APRECA es la denominación para el eje comercial de Arenal-Preciados-Carmen, que son tres calles del centro de Madrid. Hoy me podré meter en la cama sabiendo algo más. Seguramente sin este invento de Internet, no lo habría sabido porque no es un lugar que yo frecuente habitualmente... si se tratara del Heron, del Village, del "Three Water" o del Xanadú lo habría sabido sin problema... pero APRECA... Sonaba casi a pregunta filosófica, perfecta para elaborar una teoría compleja y abstracta, como cuando se habla del Ser, de lo que significa Logos, Aletheia o hasta Ultreia.
¿Cómo se presenta el 2009? Con proyectos interesantes y con una convicción cada vez más clara de que Pancho Céspedes tenía razón. "Esta vida loca, loca, loca... con su propia realidad". Esta vida está loca. Cuando parece que todo va, todo cambia. Y te quedas temblando intentando descubrir lo que ha pasado porque no hay lógica que lo explique. ¿Cómo lo afrontas? Puedes hacerlo en plan equilibrista, en plan optimista, o en plan pesimista. Siempre en cualquier hecho de la vida hay alguien que suelta el "qué mal está el mundo", "qué pena" "pobrecillo". Hay personas que deberían ser plañideras profesionales. De verdad, de los que sólo ven desgracias. Me pregunto cómo tendrán el hígado o si su dolor de cabeza será constante. Típica persona que en los brindis pide que tengamos salud y que no "se vayan" sus seres queridos. Que no consigue mirar más allá de sus narices lacrimosas. Que sólo ve penalidades. Los típicos que son "enfermos crónicos" y que minan la salud y el humor de los demás. ¿No conocéis a nadie que se está quejando siempre, que dice "ay qué malit@ estoy"... y que luego sobrevive a muchos que no se quejaban? Yo sí... ahora mismo estoy pensando en un par de personas así, que no se dan cuenta de lo afortunadas que son y que... si es que algun dia se dan cuenta... será demasiado tarde. No, la vida hay que vivirla, tanto en lo bueno como en lo malo. ¿Qué es lo que dice que algo sea bueno o malo? ¿El dolor es malo? Que se lo digan a una parturienta cuando tiene al peque en brazos. O que se lo digan a un donante de sangre cuando le acaban de pinchar para donar algo de su sangre. Si no existiera el dolor, no sabríamos que tenemos algun problema en el cuerpo. Cuando algo no duele, suele ser un problema mayor.
Luego están los del "pensamiento positivo" los que creen que por poner buena cara todo va a ir bien. Yo les llamo los del "pensamiento Titanic"... si hago como si no existiera, no chocaré contra el iceberg. ¿Y qué ocurre? Pues que al final se hunden. En el tema económico tenemos muchos de pensamiento titanic y en el político igual. Si no la nombro... no hay crisis. Claro, si no digo la palabra, puede que siga todo bien en mi mundo piruleta. Si alguien quiere vivir asi, adelante... pero que se atenga a las consecuencias porque la historia está repleta de sonoros guantazos, de dolorosos despertares. ¿Y los equilibristas? Son aquellos que capean el temporal como pueden, que saben cuando es mejor aceptar la derrota y retirarse a "boxes". Son los que conoces sus fuerzas, los que miden la vida conforme a sus posibilidades.
Por mi parte no quiero ser de ninguna de las tres clases. ¿Por qué? Porque conozco mis posibilidades pero también sé que los milagros existen y que las cosas imposibles se pueden realizar. Ese planteamiento está perfectamente recogido en una frase que ya he escrito varias veces en este blog "trabaja como si todo dependiera de tí, reza como si todo dependiera de Dios". Mis fuerzas son escasas para cambiar el mundo... pero puedo intentar cosas sencillas. ¿Por ejemplo? ayudar a subir un carrito de niño por unas escaleras. Estar pendiente de lo que pasa a mi alrededor. Sin esperar recompensa, algo a cambio. Y no desesperarse si luego el día sale al revés de lo que pensabas. ¿Merece la pena pelear contra los acontecimientos? Creo que es más interesante saber cómo afrontarlos. Habrá días que tenga ganas de mandarlo todo a freir morcillas y marcharme a un desierto. Otros días en los que tenga ganas de estar acompañada de mi familia, de mis amigos y de que hay muy poco silencio alrededor. ¿Es bueno, es malo? NO, soy la misma en ambas tesituras, pero afrontando los momentos de forma distinta. La vida es un todo, no podemos parcelarla porque sin "lo malo" no puedes vivir "lo bueno".
¿Quiero que pase el 2009? No, quiero vivir el 2009 y que cuando llegue el 31 de diciembre haga balance. Salga lo que salga lo que espero es no tener la sensación de que el tiempo ha corrido y yo he estado parada
El 2008 me dejó con un interrogante. ¿Qué significa APRECA? Está puesto con luces en la calle Arenal de Madrid, como si fuera un adorno navideño y... hasta hace escasos momentos no tenía ni idea de lo que era. Pensaba que se trataba de una palabra en un idioma extraño deseando feliz Navidad, o el nombre de una tienda o algo así... pero... para ilustrar el post estaba buscando una foto de esa palabra y he encontrado su significado. Perdonad mi ignorancia porque no lo sabía. Con esto de ver más dibujos animados que telediarios, pues no sabía que APRECA es la denominación para el eje comercial de Arenal-Preciados-Carmen, que son tres calles del centro de Madrid. Hoy me podré meter en la cama sabiendo algo más. Seguramente sin este invento de Internet, no lo habría sabido porque no es un lugar que yo frecuente habitualmente... si se tratara del Heron, del Village, del "Three Water" o del Xanadú lo habría sabido sin problema... pero APRECA... Sonaba casi a pregunta filosófica, perfecta para elaborar una teoría compleja y abstracta, como cuando se habla del Ser, de lo que significa Logos, Aletheia o hasta Ultreia.
¿Cómo se presenta el 2009? Con proyectos interesantes y con una convicción cada vez más clara de que Pancho Céspedes tenía razón. "Esta vida loca, loca, loca... con su propia realidad". Esta vida está loca. Cuando parece que todo va, todo cambia. Y te quedas temblando intentando descubrir lo que ha pasado porque no hay lógica que lo explique. ¿Cómo lo afrontas? Puedes hacerlo en plan equilibrista, en plan optimista, o en plan pesimista. Siempre en cualquier hecho de la vida hay alguien que suelta el "qué mal está el mundo", "qué pena" "pobrecillo". Hay personas que deberían ser plañideras profesionales. De verdad, de los que sólo ven desgracias. Me pregunto cómo tendrán el hígado o si su dolor de cabeza será constante. Típica persona que en los brindis pide que tengamos salud y que no "se vayan" sus seres queridos. Que no consigue mirar más allá de sus narices lacrimosas. Que sólo ve penalidades. Los típicos que son "enfermos crónicos" y que minan la salud y el humor de los demás. ¿No conocéis a nadie que se está quejando siempre, que dice "ay qué malit@ estoy"... y que luego sobrevive a muchos que no se quejaban? Yo sí... ahora mismo estoy pensando en un par de personas así, que no se dan cuenta de lo afortunadas que son y que... si es que algun dia se dan cuenta... será demasiado tarde. No, la vida hay que vivirla, tanto en lo bueno como en lo malo. ¿Qué es lo que dice que algo sea bueno o malo? ¿El dolor es malo? Que se lo digan a una parturienta cuando tiene al peque en brazos. O que se lo digan a un donante de sangre cuando le acaban de pinchar para donar algo de su sangre. Si no existiera el dolor, no sabríamos que tenemos algun problema en el cuerpo. Cuando algo no duele, suele ser un problema mayor.
Luego están los del "pensamiento positivo" los que creen que por poner buena cara todo va a ir bien. Yo les llamo los del "pensamiento Titanic"... si hago como si no existiera, no chocaré contra el iceberg. ¿Y qué ocurre? Pues que al final se hunden. En el tema económico tenemos muchos de pensamiento titanic y en el político igual. Si no la nombro... no hay crisis. Claro, si no digo la palabra, puede que siga todo bien en mi mundo piruleta. Si alguien quiere vivir asi, adelante... pero que se atenga a las consecuencias porque la historia está repleta de sonoros guantazos, de dolorosos despertares. ¿Y los equilibristas? Son aquellos que capean el temporal como pueden, que saben cuando es mejor aceptar la derrota y retirarse a "boxes". Son los que conoces sus fuerzas, los que miden la vida conforme a sus posibilidades.
Por mi parte no quiero ser de ninguna de las tres clases. ¿Por qué? Porque conozco mis posibilidades pero también sé que los milagros existen y que las cosas imposibles se pueden realizar. Ese planteamiento está perfectamente recogido en una frase que ya he escrito varias veces en este blog "trabaja como si todo dependiera de tí, reza como si todo dependiera de Dios". Mis fuerzas son escasas para cambiar el mundo... pero puedo intentar cosas sencillas. ¿Por ejemplo? ayudar a subir un carrito de niño por unas escaleras. Estar pendiente de lo que pasa a mi alrededor. Sin esperar recompensa, algo a cambio. Y no desesperarse si luego el día sale al revés de lo que pensabas. ¿Merece la pena pelear contra los acontecimientos? Creo que es más interesante saber cómo afrontarlos. Habrá días que tenga ganas de mandarlo todo a freir morcillas y marcharme a un desierto. Otros días en los que tenga ganas de estar acompañada de mi familia, de mis amigos y de que hay muy poco silencio alrededor. ¿Es bueno, es malo? NO, soy la misma en ambas tesituras, pero afrontando los momentos de forma distinta. La vida es un todo, no podemos parcelarla porque sin "lo malo" no puedes vivir "lo bueno".
¿Quiero que pase el 2009? No, quiero vivir el 2009 y que cuando llegue el 31 de diciembre haga balance. Salga lo que salga lo que espero es no tener la sensación de que el tiempo ha corrido y yo he estado parada
viernes 5 de diciembre de 2008
¿Existen los milagros?
La preguntita se las trae. Como creyente diría que sí; pero no en el concepto del mundo. Para muchos un milagro es cuando un piloto de fórmula uno gana una carrera contra todo pronóstico, como por ejemplo Alonso en Singapur. Para otros un milagro sería que le den algun día el balón de oro a Iker Casillas. Por tratar temas más serios, un milagro en España es que dimita un político por una metedura de pata o que salga alguien de un partido determinado, por ejemplo el PSOE, pidiendo perdón a unos cuantos votantes (me suena que unos 10.000.000 de españoles) por las sandeces dichas por un alcalde, digamos por ejemplo el de Getafe. Un milagro para muchos hogares españoles es llegar a fin de mes con la cuenta corriente sin color escarlata, o que toque la lotería, conseguir aparcar a la puerta de casa, que no suban las facturas, no pillarse un resfriado con los tiempos que corren. Son pequeños hechos cotidianos que para muchos son extraordinarios. El estar en la cola de la administración de lotería antes de comprar el décimo del sorteo de Navidad y pensar ¿qué haría si me toca? Hace poco leí a uno de mis compañeros declarar que, aunque es agnóstico, si nos tocaba la primitiva, antes de cogerse una excedencia pondría una estampa de S. Juan Damasceno en el sitio. Porque, para algunos, los milagros son necesarios para creer en un ser superior y para otros, creen a pesar de los milagros.
¿Conocéis a mucha gente que no cree? Yo no, es más... diría que no conozco a nadie. Todo el mundo hace cosas, muchas cosas, a lo largo del día con un gran componente de fe. Nos levantamos por la mañana y, sinceramente, no conozco a nadie que coja el vaso del café y se lo lleve a un laboratorio por si tu pareja ha decidido envenenarte. Abrimos el grifo de la ducha y creemos que va a salir agua limpia, aunque en algunas películas salga tintada. Nos ponemos la ropa y ni se nos ocurre pensar que puede estar como el vestido de Medea. ¿Os imagináis estar dudando de todo? Sería simplemente insoportable. No, a lo largo del día, la gran mayoría de nuestras acciones son hechas con fe, forma parte de nuestra rutina, ni nos lo planteamos. Y el dudar en muchos casos ofendería. No me gustaría ver la cara de mi marido si una mañana se levanta para prepararme el desayuno y le digo que no me lo tomo porque no sé si le ha echado cianuro al café. Nos podrían pasar muchas cosas malas, muchas catástrofes y eso no nos impide andar, movernos por la calle, coger el coche, ir al trabajo, cumplir con nuestras obligaciones. Si tienes miedo constantemente, te conviertes en un paranoico con delirios obsesivos y la vida se convierte en un infierno. Sin embargo, para mucha gente... el ser creyente es casi síntoma de debilidad, algo que hay que esconder. Algo parecido a si eres de un equipo normalito como el Deportivo en una comunidad como Madrid o como Cataluña. O algo peor, ser del barça en Madrid o merengue en Barcelona. Y sin embargo existen. Algunos les importará un rábano lo que digan los demás y otros vivirán un poco más atemorizados, mostrándose más cautos en ciertos ambientes.
Milagros y fe. Supongo que es algo que nos rodea en estos tiempos de diciembre en los que llevamos ya más de mes y medio viendo anuncios de juguetes, de colonias, de aparatejos electrónicos y luces adornando las ciudades y los balcones. En donde vivo algunos ya han sacado el papá noel al balcón... sinceramente, si yo fuera papá noel no les traería nada porque hay que ser malo para poner eso en el balcón con el frío y el viento que hace. Otros ya están compitiendo por ver quién pone más bombillas fuera y a cada cual más hortera. A veces dan ganas de pasear por las calles haciendo fotos a los "adornos", que no sabes si son para anunciar felicidad o mal gusto. Tengo mis dudas. Y así pasa, que llegaremos a las fechas propias de Navidad, hartos de consumismo y de que nos metan las cosas por los ojos, por lo que nos perderemos las fechas y su significado. Lo sé, alguno me dirá que las navidades son un reinvento cristiano de las saturnales y cosas así. Puede ser, pero siendo estrictos, si lo llamamos Navidad estamos celebrando el Nacimiento, pese a quien pese. Si quieren vaciarlo de contenido creyente que lo llamen de otra manera, si es que les resulta ofensivo en su manera de entender el mundo.
¿Qué es el adviento? Es algo más que el tiempo de un calendario infantil o un tiempo de quemar la tarjeta de crédito. Quienes hemos sido papis, podríamos explicar muy bien lo que significa este tiempo en el que estamos. Los últimos cuarenta días, las embarazadas estamos insoportables, nos sentimos pesadas, no descansamos bien, hacemos los cursos de preparación al parto y el tiempo que hemos estado deseando que llegara, se acerca lleno de incertidumbre. Porque nunca sabes cómo ocurrirá. Parece como si siempre te faltara algo. Los padres llevan la maleta en el coche y el móvil colgado directamente de la oreja, estén donde estén. Y, por supuesto, el depósito del coche lleno, porque nadie se atreve a ponerse en plan anuncio. Pues en ese momento es en el que estamos ahora. Los niños con la ilusión de los regalos, los adultos con la ilusión de ver sus caras al iluminar el árbol, o de que este año los cantores se acuerden de tu número... o por lo menos que el año que se va, se lleve la crisis y no nos suban ni la hipoteca, ni la luz, que la economía dé un respiro a los maltrechos bolsillos. Ya llegará Enero con esos propósitos que nunca se cumplen. Para los católicos, el tiempo de los propósitos es adviento, el comienzo del año litúrgico. Algunos buscarán cosas grandes, enormes, grandes proyectos... otros, nos conformaremos con ser un poco más feliz hoy. ¿Conformarse? No sé si es la palabra oportuna, porque intentar sacar un poco de tiempo para darle un besito más al peque, para poder estar con las personas que quieres no es conformarse sino buscar lo auténtico. Son esos pequeños milagros que hacen interesante la vida. Mucho más interesante que si tu equipo gana al eterno rival.
¿Existen los milagros? Yo creo que sí, y los más interesantes son los pequeños. Esos pequeños detalles que no te esperas, como un ramo de margaritas blancas, por ejemplo, sin un motivo especial. O quizá el principal motivo de la vida, expresar con hechos lo que amas a otra persona, que piensas en ella, aunque a veces no se lo digas. Milagros son los primeros pasos de un bebé que confía plenamente en sus padres cuando te da sus manitas e intenta torpemente mover las piernas. Milagro es darse cuenta que somos únicos, que no hay nadie igual a nosotros y que ese pensamiento nos haga tener paz en medio de todos los marrones del día a día. No se trata de ponerse en plan narcisista, ni mucho menos. Pero es verdad. Aunque algunos nos digan lo contrario con la excusa de un numerito del D.N.I. no hay nadie como yo. Quizá no sea mundialmente famosa pero tengo nombre y apellidos para algunas personas, que me importan y que me valoran por ser yo, no por lo que pueden conseguir de mi. Hay una frase de Kung fu Panda que me encanta: "NO SOY UN PANDA GORDINFLÓN, SOY EL PANDA GORDINFLÓN". Soy única. No estoy perdida como una gota en el océano, sino que tengo historia, soy... y eso es algo que muchos, con la locura del asesinato, del tipo que sea, no pueden decir todos los días.
¿Por qué escribo todo esto? Supongo que es consecuencia de la cefalea que me ha pegado recientemente dejándome una vez más la certeza de que no puedo con todo y que soy de piel, grasa, musculos y huesos, como todo el mundo. Quizá ése sea el mayor de los milagros.
¿Conocéis a mucha gente que no cree? Yo no, es más... diría que no conozco a nadie. Todo el mundo hace cosas, muchas cosas, a lo largo del día con un gran componente de fe. Nos levantamos por la mañana y, sinceramente, no conozco a nadie que coja el vaso del café y se lo lleve a un laboratorio por si tu pareja ha decidido envenenarte. Abrimos el grifo de la ducha y creemos que va a salir agua limpia, aunque en algunas películas salga tintada. Nos ponemos la ropa y ni se nos ocurre pensar que puede estar como el vestido de Medea. ¿Os imagináis estar dudando de todo? Sería simplemente insoportable. No, a lo largo del día, la gran mayoría de nuestras acciones son hechas con fe, forma parte de nuestra rutina, ni nos lo planteamos. Y el dudar en muchos casos ofendería. No me gustaría ver la cara de mi marido si una mañana se levanta para prepararme el desayuno y le digo que no me lo tomo porque no sé si le ha echado cianuro al café. Nos podrían pasar muchas cosas malas, muchas catástrofes y eso no nos impide andar, movernos por la calle, coger el coche, ir al trabajo, cumplir con nuestras obligaciones. Si tienes miedo constantemente, te conviertes en un paranoico con delirios obsesivos y la vida se convierte en un infierno. Sin embargo, para mucha gente... el ser creyente es casi síntoma de debilidad, algo que hay que esconder. Algo parecido a si eres de un equipo normalito como el Deportivo en una comunidad como Madrid o como Cataluña. O algo peor, ser del barça en Madrid o merengue en Barcelona. Y sin embargo existen. Algunos les importará un rábano lo que digan los demás y otros vivirán un poco más atemorizados, mostrándose más cautos en ciertos ambientes.
Milagros y fe. Supongo que es algo que nos rodea en estos tiempos de diciembre en los que llevamos ya más de mes y medio viendo anuncios de juguetes, de colonias, de aparatejos electrónicos y luces adornando las ciudades y los balcones. En donde vivo algunos ya han sacado el papá noel al balcón... sinceramente, si yo fuera papá noel no les traería nada porque hay que ser malo para poner eso en el balcón con el frío y el viento que hace. Otros ya están compitiendo por ver quién pone más bombillas fuera y a cada cual más hortera. A veces dan ganas de pasear por las calles haciendo fotos a los "adornos", que no sabes si son para anunciar felicidad o mal gusto. Tengo mis dudas. Y así pasa, que llegaremos a las fechas propias de Navidad, hartos de consumismo y de que nos metan las cosas por los ojos, por lo que nos perderemos las fechas y su significado. Lo sé, alguno me dirá que las navidades son un reinvento cristiano de las saturnales y cosas así. Puede ser, pero siendo estrictos, si lo llamamos Navidad estamos celebrando el Nacimiento, pese a quien pese. Si quieren vaciarlo de contenido creyente que lo llamen de otra manera, si es que les resulta ofensivo en su manera de entender el mundo.
¿Qué es el adviento? Es algo más que el tiempo de un calendario infantil o un tiempo de quemar la tarjeta de crédito. Quienes hemos sido papis, podríamos explicar muy bien lo que significa este tiempo en el que estamos. Los últimos cuarenta días, las embarazadas estamos insoportables, nos sentimos pesadas, no descansamos bien, hacemos los cursos de preparación al parto y el tiempo que hemos estado deseando que llegara, se acerca lleno de incertidumbre. Porque nunca sabes cómo ocurrirá. Parece como si siempre te faltara algo. Los padres llevan la maleta en el coche y el móvil colgado directamente de la oreja, estén donde estén. Y, por supuesto, el depósito del coche lleno, porque nadie se atreve a ponerse en plan anuncio. Pues en ese momento es en el que estamos ahora. Los niños con la ilusión de los regalos, los adultos con la ilusión de ver sus caras al iluminar el árbol, o de que este año los cantores se acuerden de tu número... o por lo menos que el año que se va, se lleve la crisis y no nos suban ni la hipoteca, ni la luz, que la economía dé un respiro a los maltrechos bolsillos. Ya llegará Enero con esos propósitos que nunca se cumplen. Para los católicos, el tiempo de los propósitos es adviento, el comienzo del año litúrgico. Algunos buscarán cosas grandes, enormes, grandes proyectos... otros, nos conformaremos con ser un poco más feliz hoy. ¿Conformarse? No sé si es la palabra oportuna, porque intentar sacar un poco de tiempo para darle un besito más al peque, para poder estar con las personas que quieres no es conformarse sino buscar lo auténtico. Son esos pequeños milagros que hacen interesante la vida. Mucho más interesante que si tu equipo gana al eterno rival.
¿Existen los milagros? Yo creo que sí, y los más interesantes son los pequeños. Esos pequeños detalles que no te esperas, como un ramo de margaritas blancas, por ejemplo, sin un motivo especial. O quizá el principal motivo de la vida, expresar con hechos lo que amas a otra persona, que piensas en ella, aunque a veces no se lo digas. Milagros son los primeros pasos de un bebé que confía plenamente en sus padres cuando te da sus manitas e intenta torpemente mover las piernas. Milagro es darse cuenta que somos únicos, que no hay nadie igual a nosotros y que ese pensamiento nos haga tener paz en medio de todos los marrones del día a día. No se trata de ponerse en plan narcisista, ni mucho menos. Pero es verdad. Aunque algunos nos digan lo contrario con la excusa de un numerito del D.N.I. no hay nadie como yo. Quizá no sea mundialmente famosa pero tengo nombre y apellidos para algunas personas, que me importan y que me valoran por ser yo, no por lo que pueden conseguir de mi. Hay una frase de Kung fu Panda que me encanta: "NO SOY UN PANDA GORDINFLÓN, SOY EL PANDA GORDINFLÓN". Soy única. No estoy perdida como una gota en el océano, sino que tengo historia, soy... y eso es algo que muchos, con la locura del asesinato, del tipo que sea, no pueden decir todos los días.
¿Por qué escribo todo esto? Supongo que es consecuencia de la cefalea que me ha pegado recientemente dejándome una vez más la certeza de que no puedo con todo y que soy de piel, grasa, musculos y huesos, como todo el mundo. Quizá ése sea el mayor de los milagros.
sábado 15 de noviembre de 2008
Los pequeños momentos
He estado dándole vueltas al primer comentario del post anterior. Me ha recordado muchas cosas de las que me enseñaron en el curso sobre el amor humano que hice hace años. Básicamente era un curso en que verificabas un axioma que se convertía en una certeza: "No puedes amar a nadie si primero no te amas a tí mismo". Depende mucho del concepto de "amor" que se tenga; pero es una de esas grandes verdades que tarde o temprano experimentas en la vida. No se puede dar lo que no se tiene. Si no empiezas primero por amarte a tí, si no eres capaz de mirarte sin temor, difícilmente podrás hacerlo con aquellos que te rodean. No se trata del amor egoísta o sensiblero. Amores que dicen "primero yo, después yo y luego yo" o de amores que son puro sentimiento momentáneo y poco más. NO, el amor es mucho más que eso. El amor propio, el de verdad, no nos engaña diciendo que somos estupendos, maravillosos, impresionantes y perfectos. Sino que nos hace mirarnos desde la realidad, desde saber lo que somos y cómo somos, con nuestras cosas buenas y nuestras cosas a mejorar. Y empieza teniendo "misericordia, porque parece que es realmente a nosotros a los que nos juzgamos con más dureza. Quizá a los demás les permitamos equivocarse; pero nuestro orgullo diría casi que nos pega latigazos cada vez que fracasamos, que nos caemos. Y nos caemos, casi a diario, hacemos cosas que no están bien, que son errores... quizá porque confiamos, quizá porque no confiamos. No se sabe; pero... no somos perfectos por lo que lo propio de las personas realmente es equivocarse. Amarse a uno mismo es buscar aquello que nos hace bien, que nos pone frente a nuestra realidad personal sin miedo, es tener momentos de soledad con nosotros mismos, de escucharnos, de mirar las victorias y las derrotas... lo que somos y acogerlo, amarlo porque es algo de nuestra esencia. Hacerlo nos posibilitará estar bien con nuestro pellejo, con nuestra vida, con nuestro entorno, con nuestras movidas. Notaremos los terremotos, pero tendremos raíces que nos sujeten a la tierra. Sólo cuando estemos bien con nosotros, tendremos la capacidad de amar de verdad a los que nos rodean, por ser ellos mismos, no por lo que esperamos que hagan o sean. No es ni una teoría, ni una utopía, sino que es un hecho que se puede comprobar en la vida. Sólo hay que atreverse a andar por este camino "serrano" de empinadas cuestas y vertiginosos descensos, como si de una sierra se tratase.
Para poder dar, primero hay que tener. Para aceptar, hay que aceptarse y eso sólo se logra si marcamos prioridades y buscamos lo que necesitamos. Tener familia y amigos es algo estupendo... pero empieza primero por tí. Busca esos pequeños momentos para tí, para conocerte. No la imagen que das, sino lo que eres realmente. No se trata de lo que dicen de tí los que te quieren o los que no te valoran... sino de lo que dices tú de tí. ¿Cuántas veces nos escuchamos? ¿Cuántas veces ponemos en orden nuestra propia contabilidad vital? ¿También nosotros estamos en crisis? Quizá hoy sea más apremiante "RE-CORDE" que traducido del latin es "volver al corazón". Que te conozcan los demas no sirve si no te conoces tú, si no te miras tú, si no te recuerdas tú. No se trata de estar cargando con el pasado, sino de volver al corazón, a la esencia, al centro, a lo que te mantiene vivo. Sé que da miedo; pero hay que hacerlo. Es el paso necesario, es el "salto de fe", la puerta a una manera de vivir de verdad. Es como cuando te planteas hacer el camino de Santiago. Puedes hacerlo sin más y quemar etapas... o puedes dejar que el Camino "te camine". Y entonces es cuando te cambia, cuando entra en ti, cuando se hace una forma de vivir, es el instante que marca un antes y un después, el momento de recomenzar.
Son muchas las veces que he dado el mismo consejo, a distintas personas que, cualquiera sabe por qué, confían en mí y me cuentan sus movidas. No he estudiado psicología; pero más de uno diría que sé escuchar. Otra cosa que aprendí en el curso del amor humano. A lo que iba, y seguro que alguno que me lee dirá "cierto, a mi me lo dijo". ¿Qué aconsejo? Como no se trata de contar cosas que me han entregado, diré que a más de una persona le he recomendado que entre en la soledad de una iglesia, en un sitio que no le conozca nadie ni que le tomen por loco si se sienta y parece que no hace nada (las iglesias son fabulosas para eso) y que eche un vistazo a su vida con tranquilidad. Quien me hizo caso, casi siempre me comenta que no se sabe cómo pero que encontró un poco de luz. La verdad es que no me extraña. Porque basta pararse un poco de la vorágine cotidiana para descubrir nuevas cosas. Y... doy un paso mas... basta mirar la vida con la luz de la fe, para que algo cambie. ¡Ojo! Hablo de fe, no de moralismo. Porque algunos pensaran que la iglesia tal, que la iglesia cual... que piensen lo que les dé la gana. Yo hablo de mi experiencia. La mayoría de nosotros cuando hablamos de la iglesia tenemos en mente a un cura, a una monja, a un catequista o algo así. Tanto para bien... como para mal. Pues la cosa no va por ahí. En el Camino de Santiago me mostraron una realidad distinta... que se habría quedado en un bonito recuerdo si no lo hubiera contrastado con mi vida. Sé que tengo fe, no porque haga o porque deje de hacer sino porque afecta a mi vida, porque me encontré con Alguien. Y para mi es un hecho. Sé si ando bien o mal por la alegría. Os aseguro que se nota cuando la alegría, la felicidad sale del corazón o es algo externo y momentáneo. Se disfrutan las cosas de forma distinta. No se trata de cumplir normas por "imperativo legal" sino de que salgan de dentro. Vas a Misa no porque toque, sino porque encuentras algo distinto. Y el domingo que no vas, o el dia que no vas, hay algo que chirría. No es misticismo, sino algo necesario como comer o respirar. Porque no hay nada como mirarse a uno mismo desde el reflejo de lo de fuera. ¿A qué me refiero? A que no importa lo que haga o lo que deje de hacer, para Dios, yo soy importante, lleve un abrigo de pieles o una camiseta cutre. Desde Él puedo mirarme sin miedo, porque me sé aceptada y amada. No me juzga, sino que se da por entero. Por eso aunque me aleje, o me enfade y lo mande todo a la porra, termino volviendo porque sé que se puede vivir de otra manera, porque sé y es un hecho en mi vida, que he vivido de otra forma. Es lo que me llena el vacío del corazón, lo que me hace comprender mi mecanismo.
Cuando me plantee publicar "CORAZON HUMANO" pensé mucho en las repercusiones. Más de uno al leerlo diría "demasiada religiosidad" o "menuda paranoia, menuda comedura de tarro". Pensamientos respetables pero que no responden a la esencia del libro. ¿Cuál es? El corazón humano es precisamente el descubrimiento de la humanidad que late en cada uno de nosotros, el corazón como el centro de los anhelos, de los sueños, de lo mejor... y de lo peor. El corazón es la sede de la claridad y de la oscuridad, del blanco y el negro, del yang y el ying, de la vida y de la muerte. Depende de nosotros mismos con qué lo llenemos, se primará una parte u otra. Habrá más inquietud o menos dependiendo de lo que sobresalga. Depende de cómo miremos el tesoro del corazón haremos unas cosas o haremos otras.
No puedo dar respuestas, sólo pinceladas en plan impresionista, luz en pequeños momentos. Cada uno de nosotros debe, si quiere ser feliz, buscar sus respuestas, sus explicaciones y éso sólo se consigue si nos escuchamos, si nos damos cuenta de cuándo arde nuestro corazón, que es como la brújula que nos marca si vamos bien o vamos mal. Yo puedo indicar el camino que me funciona a mi... pero es mi camino, es mi don... seguramente al que esté a mi lado le valdrán unas cosas y otras no. Afortunadamente somos todos distintos. Cada uno tiene lo suyo, depende de si lo quiere invertir o si se queda parado por el miedo a fracasar. Es como cuando ves un gentío en un lado de la plaza... puedes ir a ver qué pasa o puedes escandalizarte del barullo montado y salir en dirección contraria. Todo depende de tí.
Para poder dar, primero hay que tener. Para aceptar, hay que aceptarse y eso sólo se logra si marcamos prioridades y buscamos lo que necesitamos. Tener familia y amigos es algo estupendo... pero empieza primero por tí. Busca esos pequeños momentos para tí, para conocerte. No la imagen que das, sino lo que eres realmente. No se trata de lo que dicen de tí los que te quieren o los que no te valoran... sino de lo que dices tú de tí. ¿Cuántas veces nos escuchamos? ¿Cuántas veces ponemos en orden nuestra propia contabilidad vital? ¿También nosotros estamos en crisis? Quizá hoy sea más apremiante "RE-CORDE" que traducido del latin es "volver al corazón". Que te conozcan los demas no sirve si no te conoces tú, si no te miras tú, si no te recuerdas tú. No se trata de estar cargando con el pasado, sino de volver al corazón, a la esencia, al centro, a lo que te mantiene vivo. Sé que da miedo; pero hay que hacerlo. Es el paso necesario, es el "salto de fe", la puerta a una manera de vivir de verdad. Es como cuando te planteas hacer el camino de Santiago. Puedes hacerlo sin más y quemar etapas... o puedes dejar que el Camino "te camine". Y entonces es cuando te cambia, cuando entra en ti, cuando se hace una forma de vivir, es el instante que marca un antes y un después, el momento de recomenzar.
Son muchas las veces que he dado el mismo consejo, a distintas personas que, cualquiera sabe por qué, confían en mí y me cuentan sus movidas. No he estudiado psicología; pero más de uno diría que sé escuchar. Otra cosa que aprendí en el curso del amor humano. A lo que iba, y seguro que alguno que me lee dirá "cierto, a mi me lo dijo". ¿Qué aconsejo? Como no se trata de contar cosas que me han entregado, diré que a más de una persona le he recomendado que entre en la soledad de una iglesia, en un sitio que no le conozca nadie ni que le tomen por loco si se sienta y parece que no hace nada (las iglesias son fabulosas para eso) y que eche un vistazo a su vida con tranquilidad. Quien me hizo caso, casi siempre me comenta que no se sabe cómo pero que encontró un poco de luz. La verdad es que no me extraña. Porque basta pararse un poco de la vorágine cotidiana para descubrir nuevas cosas. Y... doy un paso mas... basta mirar la vida con la luz de la fe, para que algo cambie. ¡Ojo! Hablo de fe, no de moralismo. Porque algunos pensaran que la iglesia tal, que la iglesia cual... que piensen lo que les dé la gana. Yo hablo de mi experiencia. La mayoría de nosotros cuando hablamos de la iglesia tenemos en mente a un cura, a una monja, a un catequista o algo así. Tanto para bien... como para mal. Pues la cosa no va por ahí. En el Camino de Santiago me mostraron una realidad distinta... que se habría quedado en un bonito recuerdo si no lo hubiera contrastado con mi vida. Sé que tengo fe, no porque haga o porque deje de hacer sino porque afecta a mi vida, porque me encontré con Alguien. Y para mi es un hecho. Sé si ando bien o mal por la alegría. Os aseguro que se nota cuando la alegría, la felicidad sale del corazón o es algo externo y momentáneo. Se disfrutan las cosas de forma distinta. No se trata de cumplir normas por "imperativo legal" sino de que salgan de dentro. Vas a Misa no porque toque, sino porque encuentras algo distinto. Y el domingo que no vas, o el dia que no vas, hay algo que chirría. No es misticismo, sino algo necesario como comer o respirar. Porque no hay nada como mirarse a uno mismo desde el reflejo de lo de fuera. ¿A qué me refiero? A que no importa lo que haga o lo que deje de hacer, para Dios, yo soy importante, lleve un abrigo de pieles o una camiseta cutre. Desde Él puedo mirarme sin miedo, porque me sé aceptada y amada. No me juzga, sino que se da por entero. Por eso aunque me aleje, o me enfade y lo mande todo a la porra, termino volviendo porque sé que se puede vivir de otra manera, porque sé y es un hecho en mi vida, que he vivido de otra forma. Es lo que me llena el vacío del corazón, lo que me hace comprender mi mecanismo.
Cuando me plantee publicar "CORAZON HUMANO" pensé mucho en las repercusiones. Más de uno al leerlo diría "demasiada religiosidad" o "menuda paranoia, menuda comedura de tarro". Pensamientos respetables pero que no responden a la esencia del libro. ¿Cuál es? El corazón humano es precisamente el descubrimiento de la humanidad que late en cada uno de nosotros, el corazón como el centro de los anhelos, de los sueños, de lo mejor... y de lo peor. El corazón es la sede de la claridad y de la oscuridad, del blanco y el negro, del yang y el ying, de la vida y de la muerte. Depende de nosotros mismos con qué lo llenemos, se primará una parte u otra. Habrá más inquietud o menos dependiendo de lo que sobresalga. Depende de cómo miremos el tesoro del corazón haremos unas cosas o haremos otras.
No puedo dar respuestas, sólo pinceladas en plan impresionista, luz en pequeños momentos. Cada uno de nosotros debe, si quiere ser feliz, buscar sus respuestas, sus explicaciones y éso sólo se consigue si nos escuchamos, si nos damos cuenta de cuándo arde nuestro corazón, que es como la brújula que nos marca si vamos bien o vamos mal. Yo puedo indicar el camino que me funciona a mi... pero es mi camino, es mi don... seguramente al que esté a mi lado le valdrán unas cosas y otras no. Afortunadamente somos todos distintos. Cada uno tiene lo suyo, depende de si lo quiere invertir o si se queda parado por el miedo a fracasar. Es como cuando ves un gentío en un lado de la plaza... puedes ir a ver qué pasa o puedes escandalizarte del barullo montado y salir en dirección contraria. Todo depende de tí.
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