Es curioso lo que puede descubrirse si miramos con detenimiento la vida. En los últimos días, mientras mi espalda hacía de las suyas, he tenido tiempo para pensar, en ver los acontecimientos que nos rodean y que a veces ni siquiera podemos ver. Días de sol y supuestamente de lluvia, más bien escasa; pero nos lo han dicho los meteorólogos que en unos días la veremos. Tenemos días de sol y de lluvia sin importar si somos rubios o morenos, altos o bajos, guapos o feos, ricos o pobres, tengamos trabajo o no. Es independiente a nosotros, el que llueva o haga sol. O lo aceptamos o nos rebelamos; aunque no servirá de mucho. Podemos ponernos crema para que los rayos de sol no nos quemen la piel o protegernos debajo de un paraguas si llueve. Poco más. ¿A qué viene ésto? Bueno, a veces nos empeñamos en pelearnos con lo que nos pasa en la vida, cuando realmente, esas circunstancias nos vienen dadas como los días de sol o de lluvia. Y ocurren a los que "se las merecen" y a las que "no". No hay distinción. Las cosas pasan y hay que afrontarlas de la mejor manera posible. Ni hay mal que cien años dure, ni un verano sin fin. Hay alternancia de cosas buenas y malas, la vida tiene un extraño equilibrio. Hasta lo que nos parece peor, realmente puede que no lo sea, incluso que nos venga bien. ¿Por qué pelear entonces? No es la mejor opción, enfrentarse al mundo como si fuera algo hostil a nosotros, sino un lugar donde encontrarse con los demás, con cosas buenas, con buena gente, donde aprender, donde vivir, donde amar. Un lugar con días de lluvia, de tristeza, y días de sol, de alegrías, que se van sucediendo formando un todo, una unidad.
Hablando de unidad... es extraño... en el mundo en que vivimos, tendemos irremediablemente hacia la unidad. Por mucho que haya algunos independentistas tirando dinero en ideas del pleistoceno, el mundo tiende a la unidad. La globalización se va poco a poco inculcando en la mente del ser humano y no sólo eso, se va unificando la vida y las decisiones de uno afecta en los otros. En la actualidad vivimos en una crisis económica que tiene su causa inicial en las hipotecas americanas. Europa vive una crisis por un problema en Estados Unidos. Si se encuentra un nuevo yacimiento de petróleo en un punto perdido del mundo, seguramente afectaría al precio barril, afectaría al mercado mundial. Hemos pasado de la vida de las aldeas a un mundo unificado, aunque no lo parezca. Nos vamos vistiendo poco a poco igual, manejando monedas parecidas, creando entidades más allá de los países como la ONU u otras organizaciones como la Unión Europea. El mundo va hacia la unidad... pero... ¿y el ser humano? ¿La unidad mundial anulará al individuo? ¿Por servir al ser humano vamos a anularlo? Porque si esa unidad que en principio es buena, no se asienta en algo mas puede llegar a ser perjudicial. Palabras estupendas como "progreso", "bienestar", "igualdad" pueden llegar a quedarse vacías si no hay nada detrás. Si sacrificamos al ser humano a favor de la colectividad, no estaremos creando una unidad, sino realmente volviendo masa a los seres humanos. Lo importante de la sociedad no es que la formen un millón de individuos sino que la formen 1+1+1+1+1+1+1+1... ¿Puede haber unidad y al tiempo individualidad? Sí... y la familia es un ejemplo estupendo de ello. En una familia cada uno es completamente diferente y cada uno tiene un papel distinto, sólo en la medida en que cada uno es él mismo y acepta a los demás tal como son, podrá la familia ser un ente vivo, sólo desde el respeto y la comunicación que fundamentan el hilo conductor que es el amor. Un amor que es más que un sentimentalismo o algo intelectual, sino un amor que acepta al otro, que piensa en el tú, no sólo en el yo. Cada uno aporta lo mejor de si mismo, no en los grandes acontecimientos, sino cada día, en las pequeñas cosas, en los detalles sencillos... ¿Puede estrapolarse eso a la sociedad? Sí, si pensamos en los demás no como lobos, sino como iguales.
¿Cómo afrontamos esta situación de crisis? Dándonos cuenta de que el trabajo no es lo que da dignidad a la persona. Es importante, por supuesto; pero no puede ser en lo que fundamentemos nuestra vida. Porque si lo hacemos y perdemos nuestro trabajo, nos hundiremos, creeremos que no valemos para nada y no es así. Nuestra vida es valiosa más allá de que tengamos trabajo o no, podamos trabajar o no. El sueldo es algo relativo. No puede ser algo tan determinante. Si medidos la valía de las personas por las cuentas bancarias, ¿los niños no valen? Cuando miro a Dani, le veo jugar, aprender del mundo, pero él no se preocupa si tendrá comida o bebida, vestido o un techo... Dani no tiene sueldo; pero su valor es mucho mayor y sus padres ya nos preocupamos de que no le falte nada. Y creo que, en estos tiempos de crisis, los valores humanos surgen demostrando que las personas importan más allá de que tengan o no. Ahí está Cáritas ayudando cada vez a más gente, los voluntarios dando su tiempo, las donaciones... el espíritu humano que siempre supera y que derriba los muros en los que le han intentado encerrar. Las ideologías que hoy imperan a sus anchas dentro de 400 años serán un párrafo de un libro, si llega. Por mucho que parezca que van a durar toda la vida, las obras humanas no duran, más tarde o más temprano caen. Sólo lo que es verdadero puede perdurar. Y en una vida humana, lo mejor es vivir día a día, intentar descubrir lo que nos ofrece ese momento. Un momento que no volverá a pasar y que si no aprovechamos, que si no tiene un sentido, quedará vacío para siempre.
miércoles 25 de noviembre de 2009
miércoles 11 de noviembre de 2009
¿En qué o en quién confías?
Todos necesitamos un motivo para levantarnos cada mañana, bajarnos de la cama y ponernos en marcha. Tú ¿En qué confías? Puede que confíes en que algún día llegue ese momento en que cambie la suerte y te toque la lotería, o firmes el contrato de tu vida, o el chico/a de tus sueños te va a decir que sí. Puede que confíes en tus propias fuerzas, en tu juventud, en tu cuerpo, en que vas a aguantar cuantos trances te pueda enviar la vida. Puede que confíes en el trabajo que tienes, en ese sueldo que tienes y que parece que es la llave de la felicidad, que es siempre la condición indispensable para alcanzar los sueños... Puede que confíes en que los que te rodean, o tú mismo no vas a fallar... No sé, pero todo eso me suena a los cuentos de Antoñita la fantástica. La vida pega vuelcos, amigo mío. ¿Quién podría decir que esas promotoras tan grandes y que han ganado esas ingentes cantidades de dinero ahora estarían arruinadas? ¿De qué sirve tener millones y millones en el banco si con eso no te aseguras el vivir unos días más? ¿Para qué, para que otros lo disfruten? ¿Para qué gastarse una millonada en una casa si ello implica no poder salir de ella? ¡Es bueno vivir en una jaula de oro? Hay cosas en el mundo que no se pueden comprar. Tener sueños está muy bien y hay que soñar, pero con cosas grandes de verdad. En las empresas no hay nadie irremplazable, ni el más alto cargo ni el más bajo. La diferencia será el sueldo y la responsabilidad pero no en ser mejor o peor persona. El título no te hace mejor que otro. Y si uno se olvida de eso, caerá y nadie le sacará del hoyo, porque seguramente habrá subido pisando, sin crear equipo... y eso se paga.
Confianza. ¿En qué pones tu confianza? ¿Cuáles son tus pilares? Nunca es tarde para planteartelo. Porque si no lo sabes, quizá ese cansancio, ese mal humor puede que venga por ahí. Sí lo sabes y lo habías olvidado, volverá a tener fuerza y recuperarás la energía, la serenidad, la paz en medio de los líos cotidianos. Si lo sabes, tendrás la meta clara, sabrás que esta vida es una carrera de fondo, en la que lo que importa no es el sprint, sino el fondo, levantarse, la regularidad y seguir, a pesar de todo. Habrá caídas, dolor, pero si la meta está clara seguirás y nada te desviará de ella. Puede que te pierdas a veces, tendrás que desandar y volver al camino... no importará lo que venga porque la meta estará en la mente, en el corazón, un día, otro, otro... y la confianza clara. Las fuerzas fallarán, porque ni siquiera podemos contar con que todo salga como queremos nosotros... pero si la meta esta clara, no perderemos la paz, pues sabemos en qué o en quién confiamos. Meta de cada uno, sin mirar a los lados, sin compararnos con los demás, pues cada uno tiene su ritmo. Cada día lo compruebo con el peque. En su clase hay algunos peques que hacen unas cosas que él no hace todavía y otras cosas que él hace y que otros ni pueden. ¿Por qué ese afán de compararnos? ¿Los demás tienen mis vivencias, han vivido mi vida, tienen mis realidades? ¿No? Pues entonces nada de comparaciones. Mi ritmo es diferente. Puede que a mi me cueste mucho las matemáticas pero sea un genio en lógica. Pues aprovecharé la lógica para suplir las matemáticas. Y me esforzaré más en matemáticas. Tengo que reconocer mis límites. No pasa. Soy humana y como ya he dicho más de una vez, tengo derecho a cansarme, a caer, a fracasar. Ningun motor aguanta estar siempre a tope de sus revoluciones. Hasta los coches más potentes tienen que pasar por la puesta en marcha, necesitan progresión.
¿En qué confío? En el dinero no. Tal como se viene, se va. La crisis lo ha demostrado. Y la fortaleza de una empresa, a pesar de todo, es como el filo de un papel. Puede venir un tsunami y se la lleva. ¿En la salud? Tampoco. Os aseguro que la sensación de intentar levantarse de la cama y notar que las piernas no responden no es buena, reconocer que no puedes, que eres frágil, que eres débil, es, en la mayoría de los casos una cura de humildad, un master en paciencia. Y me duele ver que mi marido está haciendo un esfuerzo titánico por suplir mi ausencia, no poder cuidar a Dani que me echa en falta... mi orgullo me martillea y sé que si fuerzo, puedo; pero no sé si forzar puede ser peor. Terrible dilema. NO, tampoco confío en mis fuerzas. Algo evidente. Si confiara en ellas, estaría con una depresión impresionante. ¿Entonces? Confío en una promesa. Puede que a veces parezca que lo olvide; pero siempre hay algo que me lo recuerda y es lo que hace que lo afronte todo. Una promeso que se hizo hace muchísimo tiempo y que se renueva cada día. Confío en la promesa y sobre todo en quién la hizo. ¿Queréis saber más? Eso lo dejo para nuevos post, aunque seguro que más de uno sabe de lo que hablo :-)
Confianza. ¿En qué pones tu confianza? ¿Cuáles son tus pilares? Nunca es tarde para planteartelo. Porque si no lo sabes, quizá ese cansancio, ese mal humor puede que venga por ahí. Sí lo sabes y lo habías olvidado, volverá a tener fuerza y recuperarás la energía, la serenidad, la paz en medio de los líos cotidianos. Si lo sabes, tendrás la meta clara, sabrás que esta vida es una carrera de fondo, en la que lo que importa no es el sprint, sino el fondo, levantarse, la regularidad y seguir, a pesar de todo. Habrá caídas, dolor, pero si la meta está clara seguirás y nada te desviará de ella. Puede que te pierdas a veces, tendrás que desandar y volver al camino... no importará lo que venga porque la meta estará en la mente, en el corazón, un día, otro, otro... y la confianza clara. Las fuerzas fallarán, porque ni siquiera podemos contar con que todo salga como queremos nosotros... pero si la meta esta clara, no perderemos la paz, pues sabemos en qué o en quién confiamos. Meta de cada uno, sin mirar a los lados, sin compararnos con los demás, pues cada uno tiene su ritmo. Cada día lo compruebo con el peque. En su clase hay algunos peques que hacen unas cosas que él no hace todavía y otras cosas que él hace y que otros ni pueden. ¿Por qué ese afán de compararnos? ¿Los demás tienen mis vivencias, han vivido mi vida, tienen mis realidades? ¿No? Pues entonces nada de comparaciones. Mi ritmo es diferente. Puede que a mi me cueste mucho las matemáticas pero sea un genio en lógica. Pues aprovecharé la lógica para suplir las matemáticas. Y me esforzaré más en matemáticas. Tengo que reconocer mis límites. No pasa. Soy humana y como ya he dicho más de una vez, tengo derecho a cansarme, a caer, a fracasar. Ningun motor aguanta estar siempre a tope de sus revoluciones. Hasta los coches más potentes tienen que pasar por la puesta en marcha, necesitan progresión.
¿En qué confío? En el dinero no. Tal como se viene, se va. La crisis lo ha demostrado. Y la fortaleza de una empresa, a pesar de todo, es como el filo de un papel. Puede venir un tsunami y se la lleva. ¿En la salud? Tampoco. Os aseguro que la sensación de intentar levantarse de la cama y notar que las piernas no responden no es buena, reconocer que no puedes, que eres frágil, que eres débil, es, en la mayoría de los casos una cura de humildad, un master en paciencia. Y me duele ver que mi marido está haciendo un esfuerzo titánico por suplir mi ausencia, no poder cuidar a Dani que me echa en falta... mi orgullo me martillea y sé que si fuerzo, puedo; pero no sé si forzar puede ser peor. Terrible dilema. NO, tampoco confío en mis fuerzas. Algo evidente. Si confiara en ellas, estaría con una depresión impresionante. ¿Entonces? Confío en una promesa. Puede que a veces parezca que lo olvide; pero siempre hay algo que me lo recuerda y es lo que hace que lo afronte todo. Una promeso que se hizo hace muchísimo tiempo y que se renueva cada día. Confío en la promesa y sobre todo en quién la hizo. ¿Queréis saber más? Eso lo dejo para nuevos post, aunque seguro que más de uno sabe de lo que hablo :-)
¿Qué está pasando en Lerma?
En Lerma, Burgos, se está produciendo un hecho que está llamando cada vez más la atención. En un monasterio de clausura, de vida contemplativa, de austeridad, pobreza, obediencia, caridad, sin internet, televisión, radio, periódicos, peluquerías... etc y "cosas vitales" sin las que mucha gente cree que no se puede vivir, hay 135 chicas y una lista de espera de 100. Alguno me dirá que no tienen estudios, que son feas, que tienen historias desgarradoras... etc. Bueno, de todo habrá supongo, pero en su mayoría, las jóvenes que están allí tienen una licenciatura universitaria: derecho, económicas, periodismo, telecomunicaciones, agrónomos... un monasterio cuya edad media no sobre pasa los 35 años ¡en pleno siglo XXi! ¿Qué está ocurriendo? Algunos hablan de secta, otros se ríen, otros dicen cualquier burrada... como hemos podido leer recientemente en algún periódico y hasta en alguna tertulia. A mi me viene a la cabeza la frase de que el mundo sólo se ríe por ignorancia o por miedo, así que cada uno que elija. Por mi parte, no me río. Tengo una amiga allí. Feliz como muy poca gente lo estará fuera. ¿Qué hay allí? El amor de Dios, de ese Dios al que el mundo quiere olvidar, que llena el corazón del ser humano cuando lo vaciamos de las cosas que no nos llenan, que no nos satisfacen, por mucho que nos engañemos. Y quien lo ha visto, lo quiere vivir. Es una vida dura, sacrificada, de debilidades, de aceptarse uno mismo tal y como somos, de ponerse en las manos de Dios y saberse amado así, tal cual, de humildad y confianza. Y claro, en este mundo que tanto nos insisten en el éxito, la humildad y la confianza en Dios como que no se entienden. Quien se ríe de esas chicas es que no ha vivido esa experiencia y seguramente puede que tenga muchas cosas... pero... ¿duerme tranquilo? ¿puede asegurar que en su vida es plenamente feliz? ¿su vida tiene sentido? ¿puede enfrentarse al dolor, aceptándolo, asumiéndolo, sabiéndose en manos de Otro? ¿Puede afrontar las contrariedades de la vida? No sé dónde quedaría la risa. Y tendrán su historia, no digo que no. Seguro que alguna de ellas tuvo experiencia con la droga, o le encantaba ir de compras e ir a la última... hasta que se encontró con Cristo y descubrió que esas felicidades efímeras, duran poco y dejan mal sabor de boca.
No todos estamos llamados a vivir en el claustro de un monasterio. Hace falta que haya personas fuera, andando por las plazas y las calles de los pueblos y las ciudades, enamoradas de sus parejas, de sus hij@s , de su trabajo, de lo que les toca; pero no censuremos a los jóvenes que deciden dejarlo todo y entregar su vida, porque hace falta mucho valor para dar ese paso. Antes de hablar, quizá merezca la pena acercarse por Lerma y ver a esas jóvenes que tienen el locutorio abierto, que reciben a parroquias, a colegios religiosos y a todos los que quieran hablar con ellas, porque lo que han descubierto es tan grande que no pueden contenerlo. En el corazón de Castilla, en un pequeño pueblo se produce un milagro, casi diría un contagio de fe en este mundo en que parece que todo lo que huela a ello causa cierto repelús en ciertos ambientes. Jóvenes que van contracorriente y que buscan algo que sea auténtico, que se salen de la imagen de frívolos que algunos "cejagetas" nos han querido vender. Quizá no salgan en las noticias, no hacen ruido, como las cosas buenas, pero que son los verdaderos artífices y expertos en tirar muros, ya que estamos en celebraciones de caídas de muros infames. ¿Tirar muros entrando en otros? ¿Se puede vivir en libertad dentro de una clausura? Hace años, cuando estudiaba periodismo, tuve la oportunidad de entrevistar a una maestra de novicias para un reportaje, y puedo asegurar que las horas que estuve en ese locutorio fueron las más enriquecedoras de toda la carrera. Sí, claro que se puede vivir en libertad en la clausura, en la verdadera libertad y sólo se puede entender cuando se tiene el valor de acercarse a un locutorio y hablar con las monjas. Si tenéis la oportunidad de acercaros a Lerma, no dejéis de hacer una visita a ese "extraño" monasterio que ha tenido que abrir una especie de segundo monasterio asociado en La Aguilera porque de tantas vocaciones los muros no daban más de sí. Merece la pena.
No todos estamos llamados a vivir en el claustro de un monasterio. Hace falta que haya personas fuera, andando por las plazas y las calles de los pueblos y las ciudades, enamoradas de sus parejas, de sus hij@s , de su trabajo, de lo que les toca; pero no censuremos a los jóvenes que deciden dejarlo todo y entregar su vida, porque hace falta mucho valor para dar ese paso. Antes de hablar, quizá merezca la pena acercarse por Lerma y ver a esas jóvenes que tienen el locutorio abierto, que reciben a parroquias, a colegios religiosos y a todos los que quieran hablar con ellas, porque lo que han descubierto es tan grande que no pueden contenerlo. En el corazón de Castilla, en un pequeño pueblo se produce un milagro, casi diría un contagio de fe en este mundo en que parece que todo lo que huela a ello causa cierto repelús en ciertos ambientes. Jóvenes que van contracorriente y que buscan algo que sea auténtico, que se salen de la imagen de frívolos que algunos "cejagetas" nos han querido vender. Quizá no salgan en las noticias, no hacen ruido, como las cosas buenas, pero que son los verdaderos artífices y expertos en tirar muros, ya que estamos en celebraciones de caídas de muros infames. ¿Tirar muros entrando en otros? ¿Se puede vivir en libertad dentro de una clausura? Hace años, cuando estudiaba periodismo, tuve la oportunidad de entrevistar a una maestra de novicias para un reportaje, y puedo asegurar que las horas que estuve en ese locutorio fueron las más enriquecedoras de toda la carrera. Sí, claro que se puede vivir en libertad en la clausura, en la verdadera libertad y sólo se puede entender cuando se tiene el valor de acercarse a un locutorio y hablar con las monjas. Si tenéis la oportunidad de acercaros a Lerma, no dejéis de hacer una visita a ese "extraño" monasterio que ha tenido que abrir una especie de segundo monasterio asociado en La Aguilera porque de tantas vocaciones los muros no daban más de sí. Merece la pena.
¿Apestados? No. Personas
Hace unos días tuve una de esas experiencias que me parece que voy a recordar durante mucho, mucho tiempo. Viendo que los médicos del centro de salud no conseguían saber qué es lo que me pasa, me fuí a urgencias. Lo primero que me preguntaron es si tenía fiebre y efectívamente había tenido. Así que me dieron una mascarilla, por la "temida" gripe, ya no sé si es la A, la B, o yo qué sé... pero lo cierto es que aparecí con la mascarilla y en la sala de espera todo el mundo me miró como una apestada. Me dieron ganas de ponerme a toser a lo bestia. De verdad, si hubiera tenido un trozo de filete a mano, lo habría tirado al suelo al grito del "esta lepra me está matando". ¿Por qué juzgamos sin saber lo que les pasa a los demás? No tengo gripe, mi fiebre era por infección de orina; pero al ver la mascarilla la gente se separó de mi lado como si tuviera la peor enfermedad. ¿La mascarilla me protege a mi o a ellos? Bueno, yo la llevaba por fuera, pero hay muchos que la llevan por dentro. Me recordaban a las historias del Antiguo Testamento cuando obligaban a los leprosos y a los que tenían peste a ir con campanas gritando ¡impuro!, manteniendo la distancia, viviendo fuera de las ciudades, poniendo muros para proteger a los sanos... Y me pregunto cuántas veces en la historia esa politica ha originado odios, guetos, separaciones raciales, fronteras infames... ¿No vamos a aprender nunca? Juzgamos demasiado pronto. Entiendo que hay que tomar precauciones para evitar contagios, pandemias... pero juzgar... tratar a los demás con frialdad de corazón. ¿Estamos perdiendo corazón en la sociedad? Bueno, me temo que es una pregunta a la que hay que responder cada uno en su situación. Vamos por el mundo ¿como personas o como cosas? Me explico: al coger el coche, ¿pensamos en los demás o sólo en nosotros? ¿y al ir por la calle? ¿en nuestras relaciones personales y el trato con lo que nos rodea? ¿Ponemos corazón o se nos ha endurecido y sólo miramos el interés? Si es el corazón miraremos a los demás con corazón, si es interés, veremos la mascarilla y sólo actuaremos como si fueran apestados sin pensar si lo que tiene es gripe u otra cosa. No nos importará el dolor, el sufrimiento no sólo físico que está pasando esa persona.
¿Me habría dado cuenta de esas miradas si no hubiera llevado la mascarilla? Bueno, observar es algo que me sale espontáneamente. Formación profesional, supongo. Observando a los demás se aprende mucho y, en cierta forma, las personas te dicen lo que necesitan, aunque no siempre usen las palabras para ello. Muchas veces las cosas serían más sencillas si escuchásemos y estuviésemos atentos a los demás, les prestásemos atención. Lo que ocurre es que cuando estamos hablando con alguien, a veces, estamos pensando en respuestas, antes de escuchar al otro, y, otras veces, estamos pensando en nuestras propias cosas. No solemos tener demasiado tiempo para estar atentos a los demás... y... curiosamente, así tardamos el doble de tiempo para solucionar los problemas. Sólo hay que salir de uno mismo y al tiempo, tener el valor para comunicarse con los demás y con nosotros mismos. No es sencillo; pero merece la pena intentarlo porque somos seres sociales y sólo en esa relación llegamos a ser personas de verdad. Y para eso, lo mejor es no juzgar a los demas antes de tiempo, antes de saber qué les pasa detrás de "su" mascarilla.
¿Me habría dado cuenta de esas miradas si no hubiera llevado la mascarilla? Bueno, observar es algo que me sale espontáneamente. Formación profesional, supongo. Observando a los demás se aprende mucho y, en cierta forma, las personas te dicen lo que necesitan, aunque no siempre usen las palabras para ello. Muchas veces las cosas serían más sencillas si escuchásemos y estuviésemos atentos a los demás, les prestásemos atención. Lo que ocurre es que cuando estamos hablando con alguien, a veces, estamos pensando en respuestas, antes de escuchar al otro, y, otras veces, estamos pensando en nuestras propias cosas. No solemos tener demasiado tiempo para estar atentos a los demás... y... curiosamente, así tardamos el doble de tiempo para solucionar los problemas. Sólo hay que salir de uno mismo y al tiempo, tener el valor para comunicarse con los demás y con nosotros mismos. No es sencillo; pero merece la pena intentarlo porque somos seres sociales y sólo en esa relación llegamos a ser personas de verdad. Y para eso, lo mejor es no juzgar a los demas antes de tiempo, antes de saber qué les pasa detrás de "su" mascarilla.
lunes 13 de abril de 2009
Los verdaderos pilares
Parafraseando el best seller, mientras escucho un poco de música en la madrugada, escribo un post en la tranquilidad del silencio nocturno. Es lo que tiene que me haya tomado una coca-cola a las 15.00. El sueño es ausente y Morfeo debe de andar muy ocupado con Trinity y con Neo protegiendo Sión de Matrix, porque mi mente anda demasiado despierta. Pensando en lo que ha ocurrido en estas últimas semanas en las que el cambio se ha establecido en mi vida con una marca indeleble y un claro sentido de quedarse. ¿Algo más contrario al cambio que lo constante? Y sin embargo, parece que me establecido en el constante cambio. Cuando ya me había hecho a la situación laboral, cambio de puesto, cambio de ordenador y cambio de tarea. Lo primero es normal, lo segundo es un engorro y lo tercero mi respuesta a una petición. Cambiar de puesto te da una perspectiva distinta de la empresa, antes estaba al lado de la puerta y de personal. Ahora estoy perdida en medio del departamento, lejos del pasillo... pero cerca de los muebles donde se pone, quizá demasiado a menudo (¿o no?) el desayuno y el aperitivo cada vez que hay un cumpleaños o una celebración. La "operación bikini" va a ser complicada en mi nuevo puesto, aunque tengo uno de los ordenadores más antiguos de la compañía. Y así va, ni el "Arre24" del asturiano va así de despacito. Me he tenido que configurar los programas que usamos, desde el correo al de logarse en el teléfono. Tengo que hacerme con un teclado que de vez en cuando se come la barra espaciadora... como para unas prisas. El tercer cambio es el que origina el título del post. Cambio de tarea, dejo la cuota de particulares no siempre todo lo educados que uno quisiera para empezar a llevar de nuevo gestiones con constructoras y promotoras. Una nueva línea de negocio que necesita que alguien la controle, vea lo que ocurre y dé la voz de alarma si se sale de madre. Un trabajo perseverante, sin demasiados fuegos artificiales, de estar a lo suyo, sin depender de los gustos de unos y de otros. Un trabajo que por lo visto, en el departamento sólo tenía un nombre. ¿Adivináis cual? Parece que mi manera de trabajar en plan "pilar" desde mi puesto, haciendo lo que tengo que hacer sin buscar protagonismo y peloteo absurdo, es tenido en cuenta por las altas esferas que saben por experiencia que puedo poner orden en el supuesto caos. Ya lo demostré hace tiempo y parece que, como la receta funcionó, hay que volver a aplicarla. Una nueva etapa, aunque ya he perdido la cuenta de todas las que llevo.
¿Cómo vivo el cambio? Con el ejmplo de los pilares de un edificio, que saben que sin su labor, la fachada se derrumba. Parece que como no están a la luz no son importantes. Pero lo son. Yo sigo en un curro que parece que no es lo mío, que más de uno puede pensar que estoy malgastando mi vida, cuando podría hacer otras cosas. Sí, seguramente podría estar en otro sitio... pero donde estoy es donde tengo que rendir, dar lo mejor de mi misma, teniendo muy claro que cuando salgo por la puerta me esperan las verdaderas razones de mi vida, los verdaderos pilares donde se asienta mi vida y mi felicidad. Porque el trabajo es importante; pero sin el equilibrio con la vida familiar, lo único que deja es agotamiento físico y psíquico... pero vacío. Lo he podido comprobar esta mañana. La gente llevaba "derrotada" a trabajar a las 7.30. ¿Cómo acabarán la semana? No lo sé. Estoy convencida que no siempre lo que empieza mal acaba mal... más si a las 7.30 estás derrotado... no sé, el día debe hacerse cuesta arriba, en plan canción arrastrada de los Secretos. Supongo que vivo de otra manera y la Semana Santa ha pasado dejando paso a la Pascua, la alegría de la Resurrección, de saber que hay Alguien que me sostiene y da sentido a todo lo que hago, a ese "dejarse morir" en el tiempo y en las circunstancias. Porque el tiempo que pasa es tiempo que nos hace morir y cada uno elige cómo ocurre. Y si la mirada está centrada, la vida arraigada a los pilares, los cambios pueden tambalear la superficie, como las olas del mar que en cuanto sumerges la cabeza, reina la calma. Cada día me gusta más la imagen del constante golpear de las olas en la orilla. Debe ser mi alma mediterranea que de vez en cuando aflora en medio de la meseta. Cada día veo más que es verdad esa frase de que hay que mirar las cosas de tejas para arriba. A veces estamos demasiado metidos en casa, en nuestros problemillas como para ver que la solución puede ser tan sencilla como abrir la ventana o salir a la calle. Nos empeñamos en estructurar nuestra vida sin dejar que las cosas nos sorprendan para bien... y fuera hay muchas cosas que nos pueden sorprender. Desde una reacción inesperada en algo tan pequeño como el comportamiento de un peque de dos años, a que cojas el coche y cuando esperas un atascazo, no hay coches, o puedes aparcar donde te gusta. Sólo hay que estar pendiente de los pequeños detalles. ¿Un ejemplo? Buuuffff, hay tantos que quizá no podría quedarme con uno solo. Vivir en el mundo, en pareja, tener un trabajo, una familia dan muchos ejemplos... Los toques de atención de la vida. Hace poco, yo andaba un poco "baja", sin saber muy bien por qué... quizá el cansancio, quizá la amenazante rutina... recibí una carta, de una persona que recuerdo cada día... justo en el momento en que necesitaba el empujoncillo, allí estaba en el buzón. Ultimamente también me pasa los primeros jueves de mes que me acerco cuando Jose duerme a Dani y yo dejo mi casa por unas horas para ir a la parroquia a la exposición del Santísimo y como que mi alma respira en ese silencio que dice tanto y que aclara tanto mis tormentas. Volver a la fuente, contrastar los pasos que se han dado por si hay que rectificar o se puede seguir adelante. Y puede que esté agotada, que ya no llegue a más... pero cuando creo que ya no puedo más, todavía "aguanto". Lo veo cada noche con mi marido, llega agotado del trabajo y Dani, que no entiende de cansancio, reclama a su papá. Y mi marido se entrega sin malas caras, con todo su amor por el peque. Lo veo en Jose y lo ví en mi casa, con mis padres. Siempre pendientes de nosotras, sin mirar sus propias fuerzas, sino lo que necesitabamos, aunque fuera dar un beso a las 4 de la mañana para hacer olvidar una pesadilla o un mal sueño.
Sólo cuando tenemos los verdaderos pilares de nuestra vida, podemos llegar a ser lo que podemos llegar a ser, aceptar lo que ocurre a nuestro alrededor y vivirlo de forma que todo sea un instrumento para ser felices en medio de los líos. Cada uno en su sitio, aunque para encontrarlo demos más de un rodeo. Lo importante del pasado es que nos ha hecho llegar a donde estamos, no nos detiene. Y no es solo una frase más o menos bonita. Es una realidad. Las famosas circunstancias de Ortega son nuestro pasado, lo que nos ha hecho ser como somos y donde nos apoyamos como si de un trampolín se tratase para intentar alcanzar los sueños. Quizá mis sueños parezcan insignificantes, o mis "logros" sean irrisorios para algunos... ¿Qué más da? Yo sé lo que me ha costado llegar a donde estoy, sé lo que es pelear con la muchedumbre cuando el tren te ha dejado en la otra punta de la estación y tu salida está al otro lado. Aunque muchos se empeñen en que es mejor salir por donde van todos, NO, si tu salida está en la otra punta, avanza en esa dirección, aunque sea despacio. ¿O acaso si esa muchedumbre se fuera a tirar por un barranco tú lo harías? Yo por lo menos no... y estoy convencida de que habrá varios que piensen como yo y que, quizá sólo necesiten ver a uno moverse en otra dirección, para hacerlo ellos también. A veces es bueno, no mirar a la masa sino al 1+1+1+1+1+1+1... porque las personas que te cruzas en la calle, en el metro, tienen nombre propio y circunstancias particulares... quizá para tí no sean más que un bulto... pero para alguien son importantes. ¿Por qué pensar de forma egoísta o mirar sólo lo que puedes sacar de tus semejantes? Si quieres cambiar el mundo quizá más que esperar a que los demás hagan algo, va siendo hora de ponerse a trabajar y aportar el granito de arena. Seguro que la experiencia es mucho más enriquecedora de lo que puedas siquiera soñar.
¿Cómo vivo el cambio? Con el ejmplo de los pilares de un edificio, que saben que sin su labor, la fachada se derrumba. Parece que como no están a la luz no son importantes. Pero lo son. Yo sigo en un curro que parece que no es lo mío, que más de uno puede pensar que estoy malgastando mi vida, cuando podría hacer otras cosas. Sí, seguramente podría estar en otro sitio... pero donde estoy es donde tengo que rendir, dar lo mejor de mi misma, teniendo muy claro que cuando salgo por la puerta me esperan las verdaderas razones de mi vida, los verdaderos pilares donde se asienta mi vida y mi felicidad. Porque el trabajo es importante; pero sin el equilibrio con la vida familiar, lo único que deja es agotamiento físico y psíquico... pero vacío. Lo he podido comprobar esta mañana. La gente llevaba "derrotada" a trabajar a las 7.30. ¿Cómo acabarán la semana? No lo sé. Estoy convencida que no siempre lo que empieza mal acaba mal... más si a las 7.30 estás derrotado... no sé, el día debe hacerse cuesta arriba, en plan canción arrastrada de los Secretos. Supongo que vivo de otra manera y la Semana Santa ha pasado dejando paso a la Pascua, la alegría de la Resurrección, de saber que hay Alguien que me sostiene y da sentido a todo lo que hago, a ese "dejarse morir" en el tiempo y en las circunstancias. Porque el tiempo que pasa es tiempo que nos hace morir y cada uno elige cómo ocurre. Y si la mirada está centrada, la vida arraigada a los pilares, los cambios pueden tambalear la superficie, como las olas del mar que en cuanto sumerges la cabeza, reina la calma. Cada día me gusta más la imagen del constante golpear de las olas en la orilla. Debe ser mi alma mediterranea que de vez en cuando aflora en medio de la meseta. Cada día veo más que es verdad esa frase de que hay que mirar las cosas de tejas para arriba. A veces estamos demasiado metidos en casa, en nuestros problemillas como para ver que la solución puede ser tan sencilla como abrir la ventana o salir a la calle. Nos empeñamos en estructurar nuestra vida sin dejar que las cosas nos sorprendan para bien... y fuera hay muchas cosas que nos pueden sorprender. Desde una reacción inesperada en algo tan pequeño como el comportamiento de un peque de dos años, a que cojas el coche y cuando esperas un atascazo, no hay coches, o puedes aparcar donde te gusta. Sólo hay que estar pendiente de los pequeños detalles. ¿Un ejemplo? Buuuffff, hay tantos que quizá no podría quedarme con uno solo. Vivir en el mundo, en pareja, tener un trabajo, una familia dan muchos ejemplos... Los toques de atención de la vida. Hace poco, yo andaba un poco "baja", sin saber muy bien por qué... quizá el cansancio, quizá la amenazante rutina... recibí una carta, de una persona que recuerdo cada día... justo en el momento en que necesitaba el empujoncillo, allí estaba en el buzón. Ultimamente también me pasa los primeros jueves de mes que me acerco cuando Jose duerme a Dani y yo dejo mi casa por unas horas para ir a la parroquia a la exposición del Santísimo y como que mi alma respira en ese silencio que dice tanto y que aclara tanto mis tormentas. Volver a la fuente, contrastar los pasos que se han dado por si hay que rectificar o se puede seguir adelante. Y puede que esté agotada, que ya no llegue a más... pero cuando creo que ya no puedo más, todavía "aguanto". Lo veo cada noche con mi marido, llega agotado del trabajo y Dani, que no entiende de cansancio, reclama a su papá. Y mi marido se entrega sin malas caras, con todo su amor por el peque. Lo veo en Jose y lo ví en mi casa, con mis padres. Siempre pendientes de nosotras, sin mirar sus propias fuerzas, sino lo que necesitabamos, aunque fuera dar un beso a las 4 de la mañana para hacer olvidar una pesadilla o un mal sueño.
Sólo cuando tenemos los verdaderos pilares de nuestra vida, podemos llegar a ser lo que podemos llegar a ser, aceptar lo que ocurre a nuestro alrededor y vivirlo de forma que todo sea un instrumento para ser felices en medio de los líos. Cada uno en su sitio, aunque para encontrarlo demos más de un rodeo. Lo importante del pasado es que nos ha hecho llegar a donde estamos, no nos detiene. Y no es solo una frase más o menos bonita. Es una realidad. Las famosas circunstancias de Ortega son nuestro pasado, lo que nos ha hecho ser como somos y donde nos apoyamos como si de un trampolín se tratase para intentar alcanzar los sueños. Quizá mis sueños parezcan insignificantes, o mis "logros" sean irrisorios para algunos... ¿Qué más da? Yo sé lo que me ha costado llegar a donde estoy, sé lo que es pelear con la muchedumbre cuando el tren te ha dejado en la otra punta de la estación y tu salida está al otro lado. Aunque muchos se empeñen en que es mejor salir por donde van todos, NO, si tu salida está en la otra punta, avanza en esa dirección, aunque sea despacio. ¿O acaso si esa muchedumbre se fuera a tirar por un barranco tú lo harías? Yo por lo menos no... y estoy convencida de que habrá varios que piensen como yo y que, quizá sólo necesiten ver a uno moverse en otra dirección, para hacerlo ellos también. A veces es bueno, no mirar a la masa sino al 1+1+1+1+1+1+1... porque las personas que te cruzas en la calle, en el metro, tienen nombre propio y circunstancias particulares... quizá para tí no sean más que un bulto... pero para alguien son importantes. ¿Por qué pensar de forma egoísta o mirar sólo lo que puedes sacar de tus semejantes? Si quieres cambiar el mundo quizá más que esperar a que los demás hagan algo, va siendo hora de ponerse a trabajar y aportar el granito de arena. Seguro que la experiencia es mucho más enriquecedora de lo que puedas siquiera soñar.
lunes 23 de febrero de 2009
¡¡¡ A disfrutar !!!
¿Os habéis parado a pensar lo poco que disfrutamos de la vida? Algunos se pasan los días pensando en las vacaciones o en el viernes, o lo que van a hacer cuando salgan del trabajo. Siempre esperando momentos por venir lo que hace que tengamos más prisa por acabar lo que hacemos y no disfrutemos de ello. ¿Estamos hechos para tener ese constante anhelo? Es algo que quema, que termina desesperando porque estamos hechos para otra cosa. Sí, ya sé que puede sonar a utopía. ¿Cómo vas a disfrutar en el trabajo, teniendo clientes que sueltan sapos y culebras? Supongo que se puede disfrutar del trabajo por el mero hecho de que lo tienes, algo que no todo el mundo puede decir y sacando el lado bueno. Porque todo trabajo tiene su lado bueno, desde los compañeros hasta el tema monetario. Una cosa es que tu trabajo te guste y otra que disfrutes de lo que haces. ¿Disfrutamos de lo que hacemos? Nos pasamos la vida haciendo fotos para recordar sitios donde estamos, como si fuera una manera de retener los buenos momentos vividos. No digo que sea malo, pero seguramente los mejores momentos no se tengan en fotos sino en la cabeza. Por ejemplo, cuando nació Dani, el momento en que me lo pusieron encima, no está recogido en ningun fotograma; pero puedo asegurar que me acuerdo como si fuese ayer.
Disfrutar del momento, de lo que toca hacer, sea lo que sea, desde trabajar a conducir. La manera de afrontarlo todo cambia, desde el mismo momento en que "el chip". Así, los lunes son algo más que un madrugón, un atasco, una gronca con el cliente... es algo más que hacer y hacer cosas... es vivir con intensidad lo que toca hacer, querer hacer lo que estás haciendo. ¿Por qué esperar al viernes, al fin de semana o a cuando me jubile para disfrutar de la vida? ¿Quién me asegura que llegaré allí? Con lo que cuento es con este momento, por lo que si quiero ser feliz, debo intentarlo ahora, intentar disfrutar de lo que la vida me ofrece.
Ya sabéis... ¡¡¡a disfrutar!!!
Disfrutar del momento, de lo que toca hacer, sea lo que sea, desde trabajar a conducir. La manera de afrontarlo todo cambia, desde el mismo momento en que "el chip". Así, los lunes son algo más que un madrugón, un atasco, una gronca con el cliente... es algo más que hacer y hacer cosas... es vivir con intensidad lo que toca hacer, querer hacer lo que estás haciendo. ¿Por qué esperar al viernes, al fin de semana o a cuando me jubile para disfrutar de la vida? ¿Quién me asegura que llegaré allí? Con lo que cuento es con este momento, por lo que si quiero ser feliz, debo intentarlo ahora, intentar disfrutar de lo que la vida me ofrece.
Ya sabéis... ¡¡¡a disfrutar!!!
martes 3 de febrero de 2009
El último reducto del periodismo
Viendo el panorama periodístico mundial está demostrado que el último reducto del periodismo libre e independiente son los blogs. En el momento en que un licenciado en periodismo (ojalá todos los que trabajan en los medios lo fueran) entra a trabajar en un medio, entra a trabajar en una empresa que tiene unos intereses bien concretos: hacer dinero. Nadie trabaja por amor al arte o porque se aburre en casa. Cuando dependes de ese sueldo para llevar adelante a tu familia, la independencia deja paso a la necesidad. Los medios se acercan a los poderes democráticos... bueno... si es que se puede hablar de poderes públicos por separado... pues la independencia de los poderes legislativo y judicial cada vez es más cuestionable. Los que tienen el poder saben los hilos que tienen que mover para que los periodistas miren para otro lado o se traguen las bombas de humo que lanzan a la Opinión Pública. Porque los hechos son sagrados... y el pan de la familia más todavía. Aunque es cierto que los hechos terminan imponiéndose a los intereses y quien dijo "digo" puede terminar diciendo "diego".
El caso es que la actualidad está dando sopresas y no precisamente agradables: las empresas periodísticas no se libran de los famosos "ERE" (Expediente de Regulación de Empleo) que es un acrónimo que queda mejor que decir que están echando a muchas personas a la calle, para intentar mantener la productividad (y los beneficios). Recientemente ha desaparecido del mercado el periódico gratuito "Metro" porque desde la empresa-madre, sueca por cierto, se ha decidido que ya no era rentable mantener una plantilla de 83 trabajadores visto los pocos anuncios que tenían. 83 periodistas, jóvenes en su mayoría, que ya engrosan las cifras de por sí, engordadas, el INEM. Los grandes grupos editoriales (Prisa, Zeta, Correo...) revisan sus cuentas e intentan echar fuera las piedras que les pueden hundir en la tempestad. Si ya era bastante difícil conseguir un empleo con la licenciatura de periodismo, ahora hay que añadirle los efectos de la crisis.
Sin embargo, sólo es necesario tener acceso a internet para transmitir ideas, contar hechos, que es realmente la esencia del periodismo, ser mensajeros, canales de comunicación, con toda la objetividad que sea posible. Cierto que, aunque no lo valoremos, tener acceso a internet (lento o rápido) es un privilegio que pocas personas en el planeta tienen. Por no hablar de que es un invento reciente. ¿Y si no hubiera internet? Mi teoría es bastante simple: el ser humano se inventaría algo para comunicarse. La historia nos lo demuestra una y otra vez. Siempre, desde el principio de los tiempos, la necesidad de comunicación ha sido la gran aliada del ingenio para conseguir objetivos, para transmitir conocimientos y llegar cada vez más lejos. Todo lo que rodea al ser humano puede ser objeto de comunicación, desde los sueños, los quehaceres, descubrimientos... Hay muchas formas de hacerlo, desde el lloro de un bebé recién nacido hasta el lenguaje más complicado. Nadie puede imaginarse a alguien que no se comunica, sería algo así como un paramecio, un ser unicelular. Los animales se comunican... y algunas plantas lo hacen a través de los colores de los que les ha dotado la naturaleza. El ser humano no se queda atrás. Los niños, por ejemplo, se comunican sin importar que unos hablén inglés, francés, italiano o alemán. Si quieren ser amigos, jugar juntos, no importa el idioma que hablen.
Los blogs aportan al panorama periodístico una frescura que no tienen los mass media, porque, salvo excepciones, a muchos "blogueros" no se les paga por sus post. Con lo que, al quitar el condicionante del dinero, se expresan noticias, hechos y opiniones de forma más cercana y libre. Cada uno de los que escribimos blogs tenemos una mirada particular sobre el mundo que nos rodea y que compartimos con aquellos que nos leen, sean de nuestra familia o no nos conozcan, estén cerca o a miles de kilómetros. Lo que por ejemplo para mí puede ser muy importante, seguramente no será de interés nacional. ¿A quién puede importarle que un vuelo de avión se retrase 20 ó 30 minutos? Al pasaje y a su familia. Si son muchos, le importará al aeropuerto en cuestión, porque al ministerio sería una gran noticia que le preocupase y tomase responsabilidad de algo. Para muchos puede ser hoy un día normal... para mí ha sido portador de una noticia triste... ha muerto una persona cuyo trabajo marcó mi infancia. Ha muerto Hans Beck. Si digo sólo su nombre, a muchos no les dirá nada, si digo que es alemán, tampoco aportará nada nuevo, pues podía llegarse a esa conclusión a través del nombre. Si digo que trabajaba en Geobra-Brandstätter, seguiría sin aportar nada. Pero... si digo que Hans Beck es el diseñador del los "clicks" primero de Famobil y después nombrados como los "clicks" de Playmobil... entonces, muchos a lo mejor no le ponen cara; pero sí que le ponen imagen a su trabajo. Somos muchos los que le debemos a ese hombre muchas horas de juego, de diversión, de echar a volar la imaginación y ser felices. Su fallecimiento pasará desapercibido en los medios, relegado a alguna de las páginas interiores. Aunque a muchos su trabajo les cambió la vida. ¿Supo él de las consecuencias de su trabajo? No me refiero a monetariamente, sino el ver la cara de un niño o de una niña montando el barco pirata, la granja, o el fuerte. Bueno, niños y no tan niños que siguen teniendo los ojos alegres, con un ligero toque de iluminación, al montar un juguete, aparentemente tan simple y que sin embargo da muchísimo juego. Hace poco descubrí que existen los playmobil funpark, algo parecido a los parques temáticos Disney, aunque más pequeños, por supuesto. Lugares donde jugar, donde ver nuevos juguetes y disfrutar. Ya me imagino a Dani corriendo por uno de ellos. Y todo porque hace tiempo una persona comunicó una idea que había tenido y apostó por ella, por un sueño al que llegó casi de casualidad. Toda una lección.
El caso es que la actualidad está dando sopresas y no precisamente agradables: las empresas periodísticas no se libran de los famosos "ERE" (Expediente de Regulación de Empleo) que es un acrónimo que queda mejor que decir que están echando a muchas personas a la calle, para intentar mantener la productividad (y los beneficios). Recientemente ha desaparecido del mercado el periódico gratuito "Metro" porque desde la empresa-madre, sueca por cierto, se ha decidido que ya no era rentable mantener una plantilla de 83 trabajadores visto los pocos anuncios que tenían. 83 periodistas, jóvenes en su mayoría, que ya engrosan las cifras de por sí, engordadas, el INEM. Los grandes grupos editoriales (Prisa, Zeta, Correo...) revisan sus cuentas e intentan echar fuera las piedras que les pueden hundir en la tempestad. Si ya era bastante difícil conseguir un empleo con la licenciatura de periodismo, ahora hay que añadirle los efectos de la crisis.
Sin embargo, sólo es necesario tener acceso a internet para transmitir ideas, contar hechos, que es realmente la esencia del periodismo, ser mensajeros, canales de comunicación, con toda la objetividad que sea posible. Cierto que, aunque no lo valoremos, tener acceso a internet (lento o rápido) es un privilegio que pocas personas en el planeta tienen. Por no hablar de que es un invento reciente. ¿Y si no hubiera internet? Mi teoría es bastante simple: el ser humano se inventaría algo para comunicarse. La historia nos lo demuestra una y otra vez. Siempre, desde el principio de los tiempos, la necesidad de comunicación ha sido la gran aliada del ingenio para conseguir objetivos, para transmitir conocimientos y llegar cada vez más lejos. Todo lo que rodea al ser humano puede ser objeto de comunicación, desde los sueños, los quehaceres, descubrimientos... Hay muchas formas de hacerlo, desde el lloro de un bebé recién nacido hasta el lenguaje más complicado. Nadie puede imaginarse a alguien que no se comunica, sería algo así como un paramecio, un ser unicelular. Los animales se comunican... y algunas plantas lo hacen a través de los colores de los que les ha dotado la naturaleza. El ser humano no se queda atrás. Los niños, por ejemplo, se comunican sin importar que unos hablén inglés, francés, italiano o alemán. Si quieren ser amigos, jugar juntos, no importa el idioma que hablen.
Los blogs aportan al panorama periodístico una frescura que no tienen los mass media, porque, salvo excepciones, a muchos "blogueros" no se les paga por sus post. Con lo que, al quitar el condicionante del dinero, se expresan noticias, hechos y opiniones de forma más cercana y libre. Cada uno de los que escribimos blogs tenemos una mirada particular sobre el mundo que nos rodea y que compartimos con aquellos que nos leen, sean de nuestra familia o no nos conozcan, estén cerca o a miles de kilómetros. Lo que por ejemplo para mí puede ser muy importante, seguramente no será de interés nacional. ¿A quién puede importarle que un vuelo de avión se retrase 20 ó 30 minutos? Al pasaje y a su familia. Si son muchos, le importará al aeropuerto en cuestión, porque al ministerio sería una gran noticia que le preocupase y tomase responsabilidad de algo. Para muchos puede ser hoy un día normal... para mí ha sido portador de una noticia triste... ha muerto una persona cuyo trabajo marcó mi infancia. Ha muerto Hans Beck. Si digo sólo su nombre, a muchos no les dirá nada, si digo que es alemán, tampoco aportará nada nuevo, pues podía llegarse a esa conclusión a través del nombre. Si digo que trabajaba en Geobra-Brandstätter, seguiría sin aportar nada. Pero... si digo que Hans Beck es el diseñador del los "clicks" primero de Famobil y después nombrados como los "clicks" de Playmobil... entonces, muchos a lo mejor no le ponen cara; pero sí que le ponen imagen a su trabajo. Somos muchos los que le debemos a ese hombre muchas horas de juego, de diversión, de echar a volar la imaginación y ser felices. Su fallecimiento pasará desapercibido en los medios, relegado a alguna de las páginas interiores. Aunque a muchos su trabajo les cambió la vida. ¿Supo él de las consecuencias de su trabajo? No me refiero a monetariamente, sino el ver la cara de un niño o de una niña montando el barco pirata, la granja, o el fuerte. Bueno, niños y no tan niños que siguen teniendo los ojos alegres, con un ligero toque de iluminación, al montar un juguete, aparentemente tan simple y que sin embargo da muchísimo juego. Hace poco descubrí que existen los playmobil funpark, algo parecido a los parques temáticos Disney, aunque más pequeños, por supuesto. Lugares donde jugar, donde ver nuevos juguetes y disfrutar. Ya me imagino a Dani corriendo por uno de ellos. Y todo porque hace tiempo una persona comunicó una idea que había tenido y apostó por ella, por un sueño al que llegó casi de casualidad. Toda una lección.
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