sábado, 31 de mayo de 2008

El niño que jugaba con la luna

Ha caído en mis manos un libro de lo más curioso. Llegó por casualidad. Lo citaban en otro libro que pasó por mi vida sin pena ni gloria. Su título me llamó la atención en medio de un deso párrafo, que, a decir verdad, no me decía nada. "El niño que jugaba con la luna". Me recordó al libro del principito o alguno del cual ya no recuerdo su nombre, pero que estoy convencida que todavía anda por casa de mis padres (como el 80 % de mi biblioteca). Me llamó la atención porque me sonaba a libro ñoño, de los que no perdería el tiempo con ellos, salvo que me lo regalaran. Pero... me picó la curiosidad y busqué información sobre él. Me llevó a AA, o lo que es lo mismo Alcohólicos Anónimos. ¿Cómo? ¿Un libro ñoño para enfermos? Cada vez me cuadraba menos. Y ya para qué contar cuando me enteré de que su autor era el padre Duval, un cantautor jesuita que en los años 60 recorría el mundo con su nueva manera de entender la canción religiosa. ¿Qué tiene que ver un niño con Alcóhólicos Anónimos y con un cura? Pues mucho. A simple vista, un niño puede sufrir las consecuncias de tener un familiar enfermo que está intentando desintoxicarse yendo a un grupo de AA al que puede prestar ayuda espiritual un sacerdote ¿No?. Pues no. No va por ahí el libro. Busco en la red y lo encuentro en varias librerías. Se ha editado en España. Siguiendo mi peregrinar por la red encuentro una página de jesuitas de México



En ella encuentro algunas canciones, desconocidas por completo para mi y que por el hecho de estar en francés como que no me atraen demasiado. Digamos que mi relación actual con todo lo que huele a francés despierta en mi cierto sentimiento de "Curro Jimenez". Supongo que los continuos viajes a su capital de mi marido tienen algo que ver. Lo único que puedo entrever es que el cantautor es un borracho de Dios, como dice la web. Alguien que parecía normal, un sacerdote que parecía lejos de todo eso y que acabó en las garras del alcohol.
Me decido y lo pido para que me lo traigan a casa. ¡Me encanta esto de comprar libros por la red! No tengo que coger el coche, ni agurdar colas, puedo detenerme en uno de ellos el tiempo que quiera sin que venga un dependiente a vendermelo como la novela de mi vida. Y todo con la ventaja de que me lo traen a casa en 24 horas. Éstos son competentes y no como los de la casa. Comienzo a leer el libro, un desgarrador relato de cómo acabó bebiendo y cómo consiguió salir. No lo maquilla, huele a dolor y a verdad. Llegó a la bebida por una primera copa, por viajes, por nervios de escenarios. Amaba la tierra y necesitaba evadirse. Su infancia era normal, un niño querido y cuidado. Tenía amigos, aunque cada vez les trató menos porque viajaba mucho. Lucien, como se hizo llamar cuando publicó el libro, no supo afrontar todos los cambios que se producían en su vida sin ayuda ¿O quizá sí? Lo cierto es que componía mejor con la ayuda de un poco de vino o de cerveza. Me trae recuerdos de historias de viejos periodistas a los que las crónicas sólo le salían con la botella de Jack Daniels en la mano y que el cine negro nos ha dejado en la retina. El alcohol comienza a hacer indispensable para salir al paso. Mi mente vuela a esos parques, a esas plazas donde muchos jóvenes no entienden lo que es divertirse sin un mini de cerveza, un submarino (el mini de cerveza con un chupito de vodka o ginebra dentro), un calimocho, o uno de martini con limón, vodka con naranja o cosas así. Es como si volviera a mis tiempos del instituto, de las fiestas patronales. La verdad es que es algo que nunca me atrajo. Como el fumar, no le veía la gracia a gastarse el dinero en algo que al final sólo dejaba dolor de cabeza y preocupación por encontrar un chicle de menta que neutralizara el aliento. Por no hablar de que no me gustaba el sabor. ¿Una joven rara? No sé... encontraba más diversión en la música, en la lectura o en la comida que en irse a un bareto a beber. Allí no estaba mi felicidad.


Pero no estaba hablando de mi, sino de Lucien, que es como se presenta en el libro el padre Duval. Necesitaba el alcohol para escribir, para evadirse de la realidad, para decir lo que quería decir, para poder enfrentarse a las críticas de los periodistas, a los nervios de una actuación en directo. La cantinela me suena mucho. Me recuerda a otros "bohemios" a los que asocias con el Tequila, el Whisky o el ron. Para cantar a la desesperación , a la marginación y no tener una especie de sonrisa idiota. Tarde o temprano los excesos se pagan y los huesos acaban en el hospital. Y si sólo te mueres tú, pues tú te lo buscaste, pero... si conduces... te llevas por delante una vida y rompes una familia. Las emociones fuertes en ese tema no compensan.


Pensamos en los alcohólicos como personas débiles, que no tienen sentido en sus vidas, faltas de cariño, infelices... ¿un cura alcohólico? No sé, no me cuadra demasiado. Quizá porque nos dejamos llevar por estereotipos que no concuerdan con la realidad. Cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre, tenemos nuestras circunstancias y no nos pueden encasillar. Si no te dejas sorprender por esa persona, si crees que la conoces perfectamente, entonces la estarás juzgando más que queriendo. Le exigirás algo que a lo mejor no puede darte y la producirás un daño casi irreparable porque no dejarás que saque su potencial. Si una persona que te importa te está diciendo que no vales una y otra vez, al final te lo creerás, aunque no sea cierto. Es como un maltrato psicológico gota a gota que al final cala. Lucien calló sin darse cuenta en el alcohol.


¿Cómo salió? No lo sé, aun no he llegado a esa parte del libro; pero imagino que la experiencia de otros le ayudó a entender lo que le pasaba. Personas que habían pasado por ese infierno le ayudaron a salir, le dieron las pistas para que él anduviera el camino de estar sobrio, de recuperar su verdadero yo. Sabe que solo no puede. Solo se ha metido en ese "berenjenal" y ahora necesita qu alguien le tire una cuerda para ayudarle a salir del pozo. Que le devuelvan su pasión por ayudar a otros, por estar cerca de los que sufren, de devolver lo que ha recibido de alguien anónimo, que le miró por él no por lo que podía conseguir de él. Que le miró viendo su desgracia; pero sin tenerle lástima, sino con compasión, o lo que es lo mismo, amor activo.


Por si alguien se anima a conocer a "Lucien" os dejo un enlace a una web dedicada a él (está en francés). Del libro deciros que es duro, pero que merece la pena buscarlo y leerlo.